La nieta favorita
Detestaba que, cada vez que escaseaba la comida la enviaran a ella y no a otro de sus cuatro hermanos a la casa de sus abuelos. Decían que la abuela la quería por ser “güerita”. Lo que no sabían es que, para María ir a esa casa era un castigo. Había que tocar el viejo portón de madera sólo una vez porque si no la abuela muy molesta gritoneaba: “Ya voy, ¡carajo! ya voy”.
Con cara dura abría la puerta y sin saludarla, simplemente le decía: ¡Pásate! El abuelo casi siempre estaba sentado en el patio tomando el sol.
CONTINÚA LEYENDO: La magia de las cosas ordinarias
Tenían que saludarlo besándole la mano y él solía hacer la misma pregunta: “¿Y tú de quién eres hija?”. Aunque le dijeran, no sabía ni quienes eran, pero demostraba su escaso cariño cuando decía: “Lupe, dale un taco a esta niña antes de que se vaya.” La abuela de mala gana le daba un taco y le decía que se fuera. Ese día, María ni siquiera lo probó, olió la amargura dentro de la tortilla.
Lo tiró en la calle. Luego caminó de prisa hasta la esquina más transitada a pedir dinero a los automovilistas. Con lo que le dieron, compró diez tacos. Su madre mientras lo saboreaba no paraba de decir: “No cabe duda, eres la consentida de los abuelos”.
- La nieta favorita

- 28 diseñadoras recuperan la memoria de las mujeres en la historia editorial de México

- Cómo la nutrición consciente está transformando el equilibrio hormonal en todas las edades

