Psicofonía

Cuéntalas - María Elena Ortega

Me molestó mucho saber que mi hermano había echado al cuarto de trebejos, la vieja mesa de la cocina. Alegó que ya tenía las patas muy flojas y que no soportaba el ruido que hacía por las noches. La mesa se encontraba asfixiaba bajo un montón de cachivaches. Mientras iba quitando una a una las cosas que la cubrían, sonidos y olores atrapados entre sus nudos, fueron dibujando en mi memoria: los seis lugares donde cabíamos doce; la cazuela con arroz para diez, que alcanzaba para que comieran veinte. Tiré con fuerza para sacarla del olvido y el aire fue un arpegio de guitarra. Al quitarle el polvo, un coro de risas infantiles salió corriendo y una pata se le cayó.

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Quizá ya no tendría salvación, pero vi, debajo del tablón, algunos dibujos y letras que quedaron como evidencia de lo que también fue: casita, cueva, castillo o cuartel. Volví a pasar mi mano sobre su piel de pino, los murmullos volvieron a invadir el lugar. La mesa soltó las patas que le quedaban. Recogí los trozos y me la llevé. Perdió su diseño original. En su nueva forma surrealista ocultó su esencia, pero no su naturaleza. Sigue siendo ruidosa, pero sólo en las noches más silenciosas, desprende los ecos de aquellos a quienes abrazó.

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