El “Súper Niño” amenaza con intensificar el clima extremo: lluvias, huracanes y sequías ponen en alerta al mundo
Puede que percibas un cambio en el clima más grande de lo usual, son los efectos del fenómeno conocido como El Niño.
América Latina ya resiente los efectos de un episodio muy intenso de El Niño, con inundaciones en Sudamérica, sequías en zonas de Centroamérica y una temporada de huracanes especialmente activa en el Pacífico. La Organización Meteorológica Mundial advierte que el fenómeno podría alcanzar una intensidad excepcional hacia finales de 2026.
El fenómeno de El Niño está alterando los patrones climáticos en distintas regiones del planeta y sus consecuencias ya se manifiestan en forma de lluvias torrenciales, inundaciones, sequías, incendios forestales y ciclones tropicales.
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De acuerdo con Julián Báez, director para las Américas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los impactos observados en América Latina coinciden con los pronósticos científicos e incluso han superado las expectativas en algunos lugares, como Chile.
La OMM advirtió que el episodio podría alcanzar una intensidad sin precedentes frente a los registros meteorológicos de las últimas cuatro décadas. Su punto máximo se espera hacia finales de 2026, aunque sus efectos podrían prolongarse después de ese periodo.
Sudamérica enfrenta lluvias e inundaciones
Uno de los impactos más severos se ha registrado en Chile, donde las precipitaciones han provocado inundaciones y aluviones de agua y lodo en Santiago, con daños en viviendas, comercios y vehículos.
Sin embargo, las afectaciones no se limitan a la capital: también se han registrado lluvias intensas, granizadas y nevadas fuera de temporada en distintas zonas del país.
En Paraguay, Uruguay, el sur de Brasil y el norte de Argentina, las precipitaciones también han elevado los niveles de agua en la cuenca del río Paraná. El aumento del caudal en zonas como la represa de Itaipú ha requerido liberar agua, lo que ha contribuido a inundaciones y afectaciones en áreas de Paraguay y Argentina, además de la suspensión de actividades en el Parque Nacional Iguazú.
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El Pacífico registra una temporada intensa de huracanes
El calentamiento de las aguas del océano Pacífico favorece la formación e intensificación de ciclones tropicales, al proporcionarles mayor energía y generar condiciones atmosféricas que facilitan su desarrollo.
De acuerdo con los datos presentados en el reporte, la temporada del Pacífico oriental acumulaba 22 tormentas con nombre y 12 huracanes, incluidos 10 de categoría mayor, una actividad superior a la que suele registrarse durante una temporada promedio.
Entre los ejemplos se encuentra el huracán Polo, que alcanzó ráfagas de viento de hasta 285 kilómetros por hora cerca de las costas mexicanas. También se reportó la formación simultánea de tres huracanes en la misma cuenca, un fenómeno que ocurrió en dos ocasiones durante el periodo descrito.
En contraste, el Atlántico Norte ha tenido una actividad mucho menor. El Niño suele incrementar la cizalladura del viento en esa región, lo que dificulta la formación y el fortalecimiento de los ciclones tropicales.
Sequías y riesgos para la agricultura y la energía
El Niño no provoca las mismas condiciones en todos los territorios: mientras algunas regiones reciben lluvias extraordinarias, otras enfrentan periodos secos que afectan los cultivos, el abastecimiento de agua y la generación eléctrica.
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Desde el sureste de México hasta Costa Rica se ha observado una disminución de las precipitaciones, con consecuencias para la agricultura. También se reportan déficits de lluvia en zonas de Colombia y Brasil, incluida la cuenca amazónica.
Perú y Ecuador figuran entre los países que podrían enfrentar impactos especialmente severos, pues presentan condiciones contrastantes: sequía en zonas amazónicas, donde el agua es importante para las centrales hidroeléctricas, y lluvias intensas en sus regiones costeras.
La OMM advierte que los efectos más extremos para estos países podrían presentarse entre diciembre y febrero, por lo que las condiciones climáticas de los próximos meses serán relevantes para la gestión del agua, la agricultura y la prevención de desastres.
Incendios y tifones también preocupan en Asia
Los efectos del fenómeno se extienden más allá de América Latina. Indonesia enfrenta una de sus temporadas de incendios forestales más graves de la última década, con cerca de 900 mil hectáreas quemadas desde enero, según los datos citados en el reporte.
El humo ha afectado a millones de personas en Sumatra y Kalimantan, provocado el cierre de escuelas y aumentado la atención médica por enfermedades respiratorias. También se han reportado afectaciones en niñas y niños.
En India, las lluvias monzónicas se ubicaron 13 por ciento por debajo del promedio, una situación que representa un riesgo para actividades agrícolas que dependen de esas precipitaciones.
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Por otro lado, en el Pacífico occidental se ha registrado actividad de ciclones tropicales que han afectado zonas de China y Japón, con inundaciones y deslizamientos de tierra. Los cambios en los patrones de viento asociados con El Niño pueden favorecer que algunos sistemas se desarrollen más al este y tengan más tiempo para intensificarse sobre aguas cálidas antes de acercarse a tierra.
¿Por qué El Niño puede provocar fenómenos tan distintos?
El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, que modifica la circulación atmosférica y altera los patrones habituales de lluvia, temperatura y viento en distintas partes del mundo.
Sus efectos no son uniformes: puede aumentar las precipitaciones en unas regiones y favorecer sequías en otras. También puede modificar las condiciones para la formación de huracanes y tifones.
La intensidad de este episodio y la posibilidad de que sus efectos continúen durante varios meses mantienen la atención de la comunidad científica y de las autoridades encargadas de la prevención.
El desafío no consiste únicamente en anticipar el clima extremo, sino en preparar a las comunidades para enfrentar sus consecuencias, desde proteger viviendas e infraestructura hasta asegurar el acceso al agua, prevenir incendios y reducir los riesgos para la población.
