Alzar la voz o de exponerse

Por ellas - Keila Rodríguez

Cuando una mujer decide acudir a alguna institución a denunciar los actos violentos de los que fue víctima sabemos que lo hará y se enfrentará a un sistema que no está diseñado para contenerla y protegerla.

Hasta el hartazgo tenemos conciencia de que las autoridades no brindan la protección y guía adecuada, que muchos procesos son revictimizantes, violentos y quedan en la nada después de hacerlas pasar por un calvario.

Las preguntas, aunque se supone buscan aclarar los hechos lo más fidedignamente posible, no dejan de sentirse como un ataque: por qué no te fuiste antes, qué hacías, cómo vestías, hiciste algo para provocarle…

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Entre las principales acciones que un sistema de justicia debería brindar a una víctima se encuentra el apoyo psicológico, fundamental para el acompañamiento, un soporte que le brinde ayuda en un proceso que será crudo.

Y una vez se ha pasado por lo legal, nos queda lo social.

Seamos francos, el que una mujer tenga el valor de alzar la voz y señalar a quién la violentó es en sí un acto poderoso: es poner un punto, y eso a muchos no les parece justo. Si el sistema de justicia hace las preguntas de tal índole, lo social lo multiplica, sumado a la burla y reproche.

Porque una mujer que alza la voz contra su violentador será tachada de mil cosas: aprovechada, despechada, ardida; que si podría haberse ido, que le gustaba…eso cuanto menos, porque las amenazas no tardan.

Cuando una mujer señala a quien la lastimó se le pedirá ser la víctima perfecta, de otro modo no podría ser del todo inocente y el culpable no podría ser del todo responsable; lo cierto es que ni la hora, la ropa, el lugar o el haber dado consentimiento previo harán que sea su culpa. La culpa de la violencia es siempre de quién la ejerce.

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Cuando una mujer denuncia violencia lo menor que le puede pasar es que la revictimicen, porque el feminicidio siempre está al acecho.

Y con todo esto, la vida del violentador no siempre se ve perjudicada, ahí los vemos en programas de televisión, dando conciertos, jugando mundiales. Mientras las sobrevivientes no dejarán de tener la marca de ser esa mujer que los señaló, que reveló lo íntimo o que para muchos buscó perjudicarlo.

Hasta que la vergüenza y la culpa cambien de bando seguiremos viendo como no todas denuncias llegan a buen puerto, como no todas hablan, como un agresor es presidente, mandatario, líder religioso o ídolo mundial.

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