Resistir o de la distopia está aquí

Por ellas - Keila Rodríguez

¿Les gustan las mujeres? Frecuéntenme me hago esa pregunta, a veces muta a sí siquiera ven a las mujeres como personas.

Estamos viviendo las consecuencias de un sistema que se empeña en buscar la “superioridad” de unos sobre otros, la marginidad volvió y se maximiza día con día.

Los argumentos para seguir negándole los derechos a las mujeres no han cambiado, que sí creen que se mandan solas, que sí es mucho libertinaje, vaya… las deidades les sirven como precepto moral, aunque difiera de la religión practicada. Ni qué decir de la falta de educación sexual integral, que ven hasta la enseñanza de productos menstruales como símbolo de promiscuidad. Eso sí, los hombres tienen el mundo para devorar y destruir.

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En ese devorar, devoran espacios, donde todo lo que no sea cishetero y blancocéntrico queda fuera; se preguntarán credenciales, para minimizar, se sobajará el ínfimo error, se cuestionará todo el ser, la libre autodeterminación, sexualidad y fe; y si algún rasgo, característica o identidad es considerada no apta se diseccionará para crear un problema.

Y las mujeres cargarán con todo eso y el ser mujeres; a tal punto de cuestionar los derechos básicos. No todas las mujeres tienen derecho a: la educación, libertad física, dignidad, privacidad, salud, desarrollo; muchas ven su integridad ligada a los deseos y caprichos de un hombre, ya sea padre, hermano, tío, esposo, lo que la consanguinidad o ley dicte cómo relación más próxima. Muchas mujeres no pueden ni autodeterminarse y las mismas leyes lo permiten.

Cada derecho ganado, en cualquier parte del mundo, es un logro para todas: son precedentes, punto de impulso para mostrar que se puede, y en reversa: cada derecho perdido, en cualquier parte del mundo es un precedente: punto de declive que anuncia una posibilidad de lo que puede arrebatarse.

Estados Unidos, país insigne que insiste en verse a sí mismo como el país de la libertad es ahora un ejemplo de cómo tras décadas de lucha, un derecho puede irse en meses. No sólo el aborto y los derechos LGBTTTIQA+ se van perdiendo: el siquiera plantear que una mujer no debería votar es un síntoma del retroceso.

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El que otros países repliquen estos discursos, y sí, te vemos Argentina, es el riesgo palpable, lo único que nos queda es resistir y pelear, resistir y protestar, resistir y exigir, resistir… las distopías están aquí.

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