Derecho al voto o del que otros decidan
Todo discurso que se pronuncie para quitarle el derecho a alguien jamás estará lo suficientemente lejos.
Desde siempre el conservadurismo ha querido quitarle libertades y derechos a las mujeres, minorías y todo ser en el que no se ve reflejado; cuando Donald Trump llegó por segunda vez a la presidencia de Estados Unidos lo hizo con un discurso cargado de odio, basta con recordar lo que sus votantes pregonaron: “Tu cuerpo, mi decisión”; meses después las estadounidenses perdieron el derecho al aborto en casi todo su país.
Y así han pasado los años, ahora con redadas contra migrantes, censura en libros, derechos de las personas LGBTTTIQA+ arrebatados, la religión en las escuelas; fue cuestión de tiempo para que alguien pronunciara lo que se venía gestando: ¿y si le quitamos el derecho al voto a las mujeres?
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Erika Kirk es la mensajera y rostro de esta oleada: una mujer rica, empresaria y viuda, es quien ahora, a todo pulmón pide volver al voto familiar. Y en México, el PAN no tardó en hacer eco. Quizá porque nuestros problemas son otros el eco se contiene en cierto sector, pero no lo hace menos peligroso.
¿Qué pasa cuando se comienza a cuestionar el derecho y libertad de otros? Cuando el racismo, misoginia, machismo, LGBTfobia y clasismo comienzan a ser aceptados, minimizados y normalizados tenemos como resultado esto: políticos y personalidades con poder que sienten que son libres de proponer prohibiciones a otros.
Sí, toda persona tiene derecho al voto; toda mujer tiene derecho al voto (…al menos en México); y en este derecho se engloba una de las más esenciales y primigenias libertades: decidir.
Pon en duda el derecho al voto y pondrás en duda la autodeterminación, libertad de tránsito, con quién relacionarte, libertad de expresión, derechos reproductivos; pon en duda el derecho a decidir y pondrás en duda lo que implica ser humano, ser persona, ser ciudadana y con ello todos los demás derechos.
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Los discursos de odio se propagan y es necesario buscar frenarlos: no, la libertad de expresión no arropa injurias.
Las mujeres somos capaces, no necesitamos un tutor, no necesitamos que alguien vote por nosotras: somos capaces de decidir. No callar, expresarnos, negarnos a aceptar discursos misóginos, visibilizar desigualdades, estigmas y estereotipos es una forma de luchar contra las ideas de segregación, es defenderse.
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Es lamentable que se busque regresar a reducir a las mujeres a ser la compañera de un hombre. Más aun cuando en México, la paternidad masculina es tan ausente.