Emilia Pardo Bazán da miedo

Cultura y TurismoPor ellas - Keila Rodríguez

Leyendo a Emilia Pardo Bazán siempre tendrás un dejo de incomodidad, es íntimo y molesto el como lo que podría percibirse como amor es control.

Las mujeres tienen una forma muy particular de retratar terrores, no es de extrañar que en sus letras podamos encontrar violencias: psicológicas, económicas, físicas, sexuales; a veces con voces quedas, otras con una mención de pasada, y unas más con gran descripción gráfica.

Claro que los cuentos de Emilia Pardo Bazán dan miedo, con más de 600 escritos, y 36 novelas, tiene historias que se sienten como si una amiga te contara su vida. Y eso es justo lo que causa terror.

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La normalización de ciertas circunstancias; Pardo Bazán nos lleva a diferentes rincones, el amor, el desamor, la venganza… todo con una tela de quién sabía que en sus letras la cotidianidad se veía reflejada.

Aquí vamos con spolier: El revólver y El indulto

Hace tiempo que en Alas Medios comentamos “El revólver”, dónde la violencia psicológica provocó que una mujer viviera por años con miedo por una amenaza; Flora, al ser hermosa y vibrante, recibió una advertencia por parte de su esposo

-Aquí tienes -me dijo- la garantía de que tu vida va a ser en lo sucesivo tranquila y dulce. No volveré a exigirte cuentas ni de cómo empleas tu tiempo, ni de tus amistades, ni de tus distracciones. Libre eres, como el aire libre. Pero el día que yo note algo que me hiera en el alma…, ese día, ¡por mi madre te lo juro!, sin quejas, sin escenas, sin la menor señal de que estoy disgustado, ¡ah, eso no!, me levanto de noche calladamente, cojo el arma, te la aplico a la sien y te despiertas en la eternidad. Ya estás avisada…

Tales fueron las palabras que Flora no volvió a ser la misma, ya no salía, ya no se reía, vivió en penumbra; el día que Reinaldo murió y ella pidió que al revólver le sacaran las balas, resulta que el arma jamás estuvo cargada, no se compraron.

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Eso no evitó que Flora viviera con miedo, al grado desarrollar enfermedades, Bazán concluye el cuento con:

De modo -añadió la cardíaca- que un revólver sin carga me pegó el tiro, no en la cabeza, sino en mitad del corazón, y crea usted que, a pesar del digital y baños y todos los remedios, la bala no perdona…

Pero esta misma esencia se mantiene en “El indulto”, aquí seguimos a Antonia, mujer que vive con miedo constante porque su esposo, que se encuentra en prisión, juró que al salir la mataría.

Lo que hizo el hombre fue matar a su suegra para quedarse con sus bienes, pero al ser Antonia una testigo se logró que lo sentenciaran, eso sí, las autoridades decían que nada podían hacer contra la amenaza de muerte, en eso no había testigos.

Así Antonia vivió en tormento, con las vecinas del barrio viéndola marchitar y sintiendo pena por ella, eso sí: ellas le creían y la sororidad se veía en el cuidado que le brindaban, ya sea en comida o compañía.

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Pero lo que no dejaba vivir a Antonia eran los constantes rumores, que si el marido saldría pronto, que si se le daría un indulto… ay… la pobre sobrevivía y un día le dijeron que el marido murió, ese día ella tomó a su hijo y disfrutó de la vida, poco le duró pues al volver a casa se encontró al supuesto muerto. Esa noche ella murió de miedo.

En ambos cuentos vemos que la violencia psicológica es lo que fue mermando a ambas mujeres, Flora pudo sobrevivir, en un centro médico, pero Antonia no pudo: vivió y murió aterrada.

El sistema en contra

La violencia psicológica es de las más frecuentes y poco tratadas, cuando una mujer pervive en miedo y angustia constante, al no haber “pruebas” tangibles la revictimización se presenta con preguntas y frases del tipo: pero si ni te ha hecho nada, deberías dejarlo, podrías hacer algo…, si la cuestión fuese tan simple rara vez habría víctimas.

Las amenazas constantes y latentes, la vida en juego, son circunstancias que someten a la persona a estrés continúo; tanto en El revólver como en El indulto vemos como esto es lo que provoca que ninguna se sienta libre y cómoda.

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En El indulto: Antonia muere sin que el esposo la toque; en El revólver: Flora pervive en enfermedad; en ambos casos se ejerció control sobre ellas, sus vidas fueron tomadas.

Flora es la muestra de cómo los celos apagan a una persona, el terror constante y el que una risa sea interpretada por coqueteo a otro, cuando la inseguridad venía única y exclusivamente del marido: su responsabilidad en el daño a Flora jamás llega, el muere pero su tormento bastó para mermar a la mujer.

Por otro lado, Antonia: ¿por qué no huyó si su marido estaba en prisión? Las benditas circunstancias… una mujer, con un hijo, pobre, y situada en la época de reyes, poco espacio de maniobra tenía, por no tener, no tenía ni dominio de sus deseos; la represión sistemática no le permitía irse.

Emilia Pardo Bazán escribió del terror de los hombres, del control y el miedo que una mujer en una relación puede experimentar.

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