Mujeres y religión: de la poligamia a la prohibición de ocupar el sacerdocio

Salud y Sexualidad

Las reglas sobre el matrimonio, la sexualidad y el rol de las mujeres dentro de distintas religiones han cambiado a lo largo de la historia, aunque algunas restricciones siguen vigentes. 

La relación entre las mujeres y la religión es destacada por distintas reglas sobre el matrimonio, la maternidad y su participación dentro de la religión. Unas iglesias ordenan a mujeres como ministras o pastoras, otras mantienen el sacerdocio exclusivamente para los hombres. La historia de la poligamia entre los primeros miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y la postura de la Iglesia católica sobre el uso del preservativo muestran cómo las creencias religiosas han intervenido en decisiones relacionadas con el cuerpo y la vida de las mujeres.

No existe una sola manera de vivir la religión. Pero hay casos que nos permiten observar cómo determinadas interpretaciones religiosas han influido en asuntos que hablan de con quién pueden casarse las mujeres, o incluso quién puede tomar decisiones dentro de una comunidad de fe.

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La poligamia y la religión

En la década de 1840, algunos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días comenzaron a practicar el matrimonio plural, una forma de poligamia en la que un hombre podía tener más de una esposa. La Iglesia reconoció que la práctica fue introducida durante la vida de Joseph Smith y que se mantuvo entre parte de sus miembros durante buena parte del siglo XIX.

Esta práctica se desarrolló en un contexto en el que el matrimonio no era únicamente una relación entre dos personas. También estaba relacionado con la organización de las familias y de la comunidad religiosa. Aunque, las reglas no eran iguales para hombres y mujeres: el matrimonio plural consistía en que un hombre podía contraer matrimonio con varias mujeres.

La presión del gobierno de Estados Unidos y las leyes contra la poligamia llevaron a la Iglesia a modificar su postura. En 1890, su presidente Wilford Woodruff publicó el llamado Manifiesto, que inició el proceso para poner fin a nuevos matrimonios plurales. La práctica no desapareció de un día para otro; algunos matrimonios plurales continuaron durante los años siguientes y, en 1904, la Iglesia reforzó la prohibición de celebrar nuevas uniones de este tipo.

El caso muestra algo importante en la actualidad: las normas que se presentan como religiosas también han cambiado con el tiempo. Lo que durante décadas fue practicado por una parte de la comunidad mormona dejó de formar parte de la Iglesia principal.

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El preservativo y la crisis del sida

Otro caso fue durante la epidemia de VIH/sida, particularmente en África, una de las regiones más afectadas por la enfermedad.

La Iglesia católica ha sostenido una postura contraria al uso del preservativo como método anticonceptivo. En marzo de 2009, durante un viaje a África, el entonces papa Benedicto XVI aseguró que el problema del sida no podía resolverse “distribuyendo preservativos” y sostuvo que estos, por el contrario, “aumentan el problema”. Sus declaraciones provocaron críticas internacionales y dieron pie a la discusión sobre el papel de las instituciones religiosas en las estrategias de prevención del VIH.

Dos años después, en la exhortación Africae Munus, el Vaticano habló nuevamente del sida en África y planteó la prevención desde la abstinencia, el rechazo de la promiscuidad y la fidelidad dentro del matrimonio.

El tema tiene consecuencias especialmente relevantes para las mujeres porque la prevención del VIH no depende únicamente de las decisiones individuales. En temas donde se habla de desigualdades, una mujer puede no tener la misma capacidad para negociar el uso del preservativo o decidir sobre su vida sexual. Por esta razón, las políticas de salud y las posturas religiosas alrededor de la anticoncepción tienen consecuencias que no afectan a todas las personas de la misma manera.

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¿Quién puede dirigir una iglesia?

La desigualdad también puede verse dentro de las propias estructuras religiosas. La Iglesia católica mantiene que la ordenación sacerdotal está reservada exclusivamente a los hombres. Esta postura fue reafirmada por Juan Pablo II en 1994 y continúa formando parte de la doctrina católica.

Aunque esto no significa que las mujeres no tengan ningún papel dentro de la Iglesia. En 2021, el papa Francisco abrió formalmente a las mujeres los ministerios laicales de lectorado y acolitado, aunque estos no implican la ordenación sacerdotal.

En otras formas de cristianismo, la situación cambia. La Iglesia Metodista Unida, reconoce el derecho de las mujeres a ocupar el ministerio ordenado y otorgó plenos derechos clericales a las mujeres en 1956. Su historia institucional registra la ordenación de mujeres en distintos países y su llegada a puestos de liderazgo.

Dentro del judaísmo también existen diferencias entre las distintas corrientes. Regina Jonas fue ordenada rabina en Alemania en 1935 y Sally Priesand se convirtió en 1972 en la primera mujer ordenada y reconocida como rabina por un movimiento judío, el reformista.

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Mientras tanto algunas comunidades permiten que una mujer dirija una congregación o ejerza un ministerio religioso, otras mantienen límites basados en sus propias interpretaciones de la tradición y los textos sagrados.

Cuando la religión entra en las decisiones sobre el cuerpo

Lo que se ha mencionado no permite afirmar que “la religión convierte a todas las mujeres en objetos”. Esa sería una generalización difícil de sostener. Lo que sí podemos ver es que las instituciones religiosas han participado históricamente en debates sobre el matrimonio, la sexualidad, la reproducción y el lugar que las mujeres pueden ocupar dentro de una comunidad.

También han cambiado. La poligamia dejó de ser una práctica de la Iglesia principal de los Santos de los Últimos Días; algunas iglesias cristianas ordenan actualmente a mujeres, mientras que la Iglesia católica mantiene el sacerdocio reservado a los hombres.

Por tanto, la problemática no consiste únicamente en preguntar qué dice una religión sobre las mujeres, al contrario, quién interpreta esas reglas, quién puede modificarlas y qué ocurre cuando una decisión sobre el matrimonio, la sexualidad o la maternidad deja de estar en manos de la propia mujer.

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