Julia y María Luisa: la violencia no terminó con su feminicidio
En Chetumal, Quintana Roo, un policía municipal cometió un doble feminicidio al arrebatar la vida a su expareja, Julia, y a su hija, María Luisa.
El doble feminicidio de Julia y su hija María Luisa, de 16 años, en Chetumal, no terminó con la muerte de su presunto agresor. El caso también abrió cuestionamientos sobre el uso de recursos policiales, la actuación institucional y las narrativas que han intentado explicar el crimen desde los celos o una supuesta relación sentimental.
Los hechos ocurrieron el 20 de octubre en la colonia Italia, donde un elemento de Tránsito identificado como Donaciano habría llegado al domicilio de su expareja a bordo de una patrulla. De acuerdo con reportes periodísticos, habría utilizado un arma de cargo para atacar a Julia y a María Luisa y posteriormente se quitó la vida. La Fiscalía inicialmente abrió una carpeta por homicidio y posteriormente confirmó el caso como doble feminicidio seguido del suicidio del agresor.
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Las preguntas que siguen sin respuesta
De acuerdo con el relato difundido por familiares y colectivas, Donaciano habría insistido en que María Luisa le abriera el portón, pese a que la adolescente no quería hacerlo. Una vez dentro, habría ocurrido el ataque.
El hecho de que el presunto agresor fuera un elemento policial en activo y que, según reportes, hubiera utilizado una patrulla y un arma de cargo ha generado cuestionamientos sobre los mecanismos de control dentro de las corporaciones de seguridad.
Entre las preguntas planteadas por familiares y organizaciones están si existían denuncias previas por violencia familiar, si las víctimas contaban con medidas de protección y qué controles existen para impedir que policías con antecedentes de violencia tengan acceso a armas de fuego.
El secretario de Seguridad Ciudadana de Quintana Roo, Julio César Gómez Torres, ha señalado que existen áreas de atención psicológica y mecanismos de control y confianza dentro de las corporaciones; sin embargo, el caso ha reavivado el debate sobre la prevención y detección de posibles factores de riesgo entre elementos policiales.
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Del crimen a la revictimización
Las críticas también alcanzaron la manera en que se ha contado el caso. La colectiva Marea Verde Quintana Roo cuestionó que el doble feminicidio sea presentado como un “crimen pasional” o explicado únicamente mediante los celos, el estrés laboral o la salud mental del agresor.
Para las organizaciones feministas, este tipo de narrativas desplaza la atención de las víctimas y puede terminar justificando o minimizando la violencia ejercida contra ellas.
También ha causado indignación el manejo de los cuerpos y los funerales. De acuerdo con los señalamientos difundidos por familiares y colectivas, María Luisa habría sido sepultada junto a su presunto agresor, mientras Julia recibió sepultura por separado, además de que familiares de Julia habrían enfrentado restricciones para acercarse al velorio de su hija.
La investigación no termina con la muerte del agresor
Aunque Donaciano murió, las interrogantes sobre la actuación de las instituciones permanecen. La Fiscalía deberá esclarecer las circunstancias del doble feminicidio, mientras que las autoridades de seguridad deberán responder sobre el acceso a armas, el uso de una unidad oficial y los protocolos aplicados al elemento involucrado.
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El caso también pone sobre la mesa la necesidad de que la investigación y la comunicación institucional se realicen con perspectiva de género, evitando narrativas que responsabilicen a las víctimas o presenten la violencia feminicida como consecuencia de una supuesta pasión.
Julia y María Luisa ya no pueden exigir respuestas. Su familia sí. Y las responsabilidades institucionales no desaparecen con la muerte del presunto agresor.
