Ni invisibles ni una carga: protección para las mujeres mayores

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Se estima que habrá mil 130 millones de mujeres mayores para 2050: una población que sigue invisible ante la violencia.

La explotación económica, el abandono, la exclusión digital y las barreras para denunciar son algunas de las formas de violencia que enfrentan las mujeres mayores en el mundo, una población que continúa al margen de muchas políticas de protección, advirtió una relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Reem Alsalem, relatora especial de la ONU sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, denunció que las mujeres mayores siguen siendo “en gran medida invisibles” en las leyes, las políticas públicas, los datos y los servicios destinados a prevenir y atender la violencia.

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“Las mujeres no deberían perder su derecho a vivir libres de violencia porque envejezcan”, afirmó en su más reciente informe ante la Asamblea General de la ONU. Advirtió que la combinación de edadismo y sexismo contribuye a que las agresiones contra ellas sean ignoradas, toleradas o consideradas una parte inevitable del envejecimiento.

Más de mil millones de mujeres mayores para 2050

El informe estima que en 2025 había 664 millones de mujeres de 60 años o más en el mundo, cifra que podría aumentar a mil 130 millones para 2050.

Pese al crecimiento de esta población, la violencia que enfrenta continúa sin recibir suficiente atención. El documento analiza estas agresiones como una forma específica e interseccional de violencia, relacionada con la discriminación por sexo, el edadismo y las desigualdades acumuladas durante la vida.

“Las mujeres mayores son titulares de derechos, portadoras de conocimiento y miembros activos de la sociedad. Su edad nunca debe usarse para disminuir su dignidad, su autonomía o su protección”, subrayó Alsalem.

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Explotación económica, abandono y violencia digital

Las agresiones contra las mujeres mayores no se limitan a la violencia física. El informe identifica violencia psicológica, sexual y económica, control coercitivo, negligencia, abandono y agresiones facilitadas por la tecnología.

Entre los riesgos señalados se encuentran la explotación de pensiones y propiedades, la exclusión digital, la negación de atención sanitaria o de dispositivos de asistencia, así como las dificultades para denunciar y acceder a la justicia.

Estas situaciones pueden ocurrir en distintos espacios, desde los hogares y las comunidades hasta las instituciones de cuidado, las prisiones y los entornos afectados por conflictos y crisis humanitarias. Además, la violencia sexual contra las mujeres mayores continúa siendo poco reconocida y documentada.

La relatora identificó como especialmente vulnerables a las viudas, mujeres migrantes y apátridas, mujeres de comunidades rurales, mujeres con discapacidad y quienes viven en instituciones de cuidado o enfrentan conflictos y emergencias humanitarias.

La edad no debe convertirlas en una carga

Otro de los puntos abordados en el informe son las decisiones relacionadas con los tratamientos médicos y el final de la vida, particularmente cuando las mujeres enfrentan pobreza, discapacidad, aislamiento o dependencia de otras personas para recibir cuidados.

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Alsalem advirtió sobre las presiones que pueden limitar las opciones disponibles para ellas y cuestionó que la edad avanzada o la necesidad de apoyo se conviertan en motivos para hacerlas sentir una carga.

“Ninguna mujer debería sentirse una carga por haber alcanzado una edad avanzada o necesitar apoyo”, sostuvo.

ONU pide reforzar la protección y el acceso a la justicia

Ante este panorama, la relatora llamó a los Estados a reconocer explícitamente la violencia contra las mujeres mayores en sus leyes, estrategias nacionales y programas de prevención y atención.

También pidió recopilar datos desglosados por edad y sexo, fortalecer los mecanismos accesibles para denunciar y garantizar el acceso a la protección, la justicia y la reparación. Estas medidas, señaló, deben acompañarse de capacitación para el personal de seguridad, los sistemas judiciales, los servicios de salud y la asistencia social.

Entre las acciones propuestas figura reforzar la protección social, las pensiones, el acceso a vivienda y atención sanitaria, así como los cuidados y los servicios paliativos. El objetivo es prevenir la explotación económica, reducir el aislamiento y garantizar que las mujeres mayores puedan vivir con dignidad y libres de violencia.

La advertencia pone sobre la mesa una forma de discriminación que puede quedar oculta detrás de la edad: envejecer no elimina los derechos de las mujeres ni justifica la violencia, el abandono o la pérdida de autonomía.

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