Aborto y redes sociales: ¿Qué pasa con toda la desinformación que circula en internet?

Salud y Sexualidad

Hay mitos sobre infertilidad, riesgos para la salud y dudas sobre la legalidad, y las redes sociales se han convertido en uno de los espacios donde más información y desinformación circula sobre el aborto. ¿Cómo saber qué es cierto y qué no?

Hablar sobre aborto en redes sociales puede convertirse rápidamente en un mar de opiniones, testimonios, videos y publicaciones que aseguran tener “la verdad”. Cuando aparecen esas afirmaciones y se presentan como hechos y datos que no cuentan con respaldo científico o mezclan información médica con creencias personales esto comienza a ser un problema. La desinformación sobre el aborto puede generar miedo, confusión y dificultar que las personas encuentren información confiable para tomar decisiones sobre su salud.

Una revisión publicada en el Journal of General Internal Medicine identificó 112 afirmaciones engañosas relacionadas con la salud reproductiva que circulan en internet. Entre ellas se encontraron contenidos sobre aborto, fertilidad, salud mental y cáncer de mama. Este estudio menciona que algunas publicaciones atribuyen riesgos no comprobados a intervenciones médicas, recomiendan prácticas que no coinciden con las guías profesionales o cuestionan la información proporcionada por personal de salud.

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No toda información falsa se comparte con la intención de engañar

Antes de hablar de desinformación, es importante distinguir dos conceptos.

La información errónea o misinformation es aquella que contiene datos falsos, pero que puede ser compartida por una persona que realmente cree que son ciertos. En cambio, la desinformación implica la difusión deliberada de información falsa o manipulada con la intención de engañar o causar algún daño, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

En redes sociales ambas pueden terminar teniendo el mismo efecto: una persona puede encontrarse con una afirmación falsa, compartirla con sus contactos y hacer que continúe circulando sin que nadie compruebe de dónde salió.

Además, el formato de las redes favorece que mensajes breves, emocionales o llamativos tengan una gran difusión, incluso cuando no explican de dónde proviene la información. Por eso, un video de unos cuantos segundos o una publicación con miles de compartidos no necesariamente significa que su contenido sea verdadero.

¿Cuáles son algunos de los mitos que circulan?

Uno de los problemas más comunes sobre desinformación en salud reproductiva es que muchas afirmaciones falsas se construyen alrededor de supuestos riesgos médicos.

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Entre los mitos identificados en contenidos sobre aborto aparecen afirmaciones que relacionan el procedimiento con infertilidad, cáncer de mama, problemas de salud mental o complicaciones exageradas. La revisión científica encontró que este tipo de afirmaciones pueden presentarse como información médica, aunque no tengan respaldo suficiente en la evidencia disponible.

Por ejemplo, la evidencia médica no respalda que un aborto provoque infertilidad. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos señala que las mujeres pueden volver a embarazarse después de un aborto y que este no está asociado con un mayor riesgo de infertilidad. Tampoco existe una relación causal entre el aborto y el cáncer de mama.

Otro problema aparece cuando se presentan experiencias individuales como si fueran evidencia médica. Que una persona cuente en TikTok, Instagram o Facebook que tuvo determinada experiencia no significa que esa experiencia pueda aplicarse de la misma manera a todas las personas.

¿Y qué dice la ciencia sobre la seguridad del aborto?

La OMS señala que el aborto es una intervención de salud frecuente y que, cuando se realiza mediante un método recomendado, adecuado para la duración del embarazo y con las capacidades necesarias, es muy seguro. También advierte que alrededor del 45 por ciento de los abortos se realizan en condiciones de riesgo, especialmente cuando no existe acceso adecuado a servicios de salud y a información precisa.

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Por eso, reducir la conversación a publicaciones que presentan el aborto únicamente como “peligroso” también puede resultar engañoso. La seguridad depende de las condiciones en las que se realiza y del acceso a atención médica de calidad.

La OMS considera que la información precisa, sin sesgos y basada en evidencia forma parte de una atención integral para el aborto.

La desinformación puede confundirse con información legal

Así como circula información en redes sobre cuestiones médicas, también existen publicaciones que aseguran que el aborto “es ilegal en todo México” o, por el contrario, que las mismas condiciones aplican en todas las entidades.

La realidad jurídica mexicana es más compleja. El marco legal ha cambiado durante los últimos años y las condiciones de acceso pueden variar dependiendo de la entidad y del contexto. En agosto de 2026, el Consejo Nacional de Población realizó una conferencia sobre la situación legal del aborto en México y señaló que, aunque han existido cambios importantes en el marco jurídico, todavía persisten retos para garantizar el acceso efectivo a los servicios.

Además, la Secretaría de Salud cuenta con un Directorio Nacional de Servicios de Aborto Seguro, que reúne unidades públicas que brindan atención a mujeres, niñas, adolescentes y personas con posibilidad de gestar que requieren atención relacionada con aborto, de acuerdo con el marco legal vigente.

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Esto significa que una publicación vieja, una captura de pantalla sin fecha o un comentario que habla desde la legislación de otra entidad no necesariamente describe la situación actual de una persona.

¿Cómo saber si una publicación es confiable?

No hace falta ser especialista para empezar a detectar algunas señales de alerta. Antes de compartir información sobre aborto, puede ser útil preguntarse:

¿Quién lo publicó?
Revisar si se trata de una institución de salud, una organización especializada, una persona profesional de la salud o una cuenta cuyo origen no está claro.

¿De dónde salen los datos?
Una publicación que menciona porcentajes, estudios o supuestos riesgos debería permitir identificar de dónde obtuvo esa información.

¿La información tiene fecha?
Especialmente cuando se habla de leyes, servicios de salud o requisitos para acceder a un procedimiento.

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¿Habla de evidencia o solamente de una experiencia personal?
Los testimonios pueden ser importantes para conocer experiencias, pero no sustituyen la evidencia científica.

¿La publicación intenta provocar miedo o urgencia?
Frases como “los médicos no quieren que sepas esto”, “te están ocultando la verdad” o “comparte antes de que lo borren” pueden ser señales para detenerse y verificar antes de compartir.

¿La misma información aparece en fuentes confiables?
En temas de salud, es preferible contrastar la información con organismos como la OMS, instituciones públicas de salud, universidades y publicaciones científicas.

Informarse también es parte de decidir

Las redes sociales pueden ser una herramienta para encontrar información y experiencias, pero no todo contenido que aparece en ellas tiene el mismo nivel de respaldo.

En el caso particular del aborto, una información falsa puede tener consecuencias que puede generar miedo, retrasar la búsqueda de atención o hacer que una persona tome decisiones sobre su salud a partir de datos incorrectos.

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Y así frente a la cantidad de información que circula en internet, la pregunta debería ser “¿de dónde salió esta información y qué evidencia la respalda?”

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