Donde crecen plantas, puede haber una fosa: buscadoras así encuentran pistas en México
Con la crisis de desapariciones en México, las mujeres buscadoras han comprendido que a veces la naturaleza las guía a fosas clandestinas.
Donde el terreno cambia, la vegetación crece de forma inusual o la tierra presenta otra textura, las familias buscadoras han aprendido a mirar las señales que deja la naturaleza. En México, esas pistas pueden conducir hasta una fosa clandestina y revelar otra parte de la crisis de desapariciones.
Un estudio presentado en Bruselas puso nuevamente el foco internacional sobre las fosas clandestinas, la crisis forense y la impunidad que rodean a las desapariciones en México.
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Entre quienes han documentado estos hallazgos destacan las mujeres buscadoras, quienes han desarrollado conocimientos para identificar posibles sitios de inhumación.

Cuando las plantas se convierten en una señal
Andrea Horcasitas, coordinadora del programa de derechos humanos de la Universidad Iberoamericana, explicó a DW que en una zona desértica encontraron áreas de vegetación verde donde no había ríos ni una razón evidente para su crecimiento.
La explicación que plantearon fue la posible presencia de cuerpos en descomposición bajo tierra, una señal que puede convertirse en punto de partida para una búsqueda.
La investigadora Anna Chimiak, de la Universidad de Gante, señala que las familias buscadoras también reconocen hundimientos del terreno, cambios en la textura y temperatura de la tierra y modificaciones en la vegetación.
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En muchos casos, son mujeres quienes encabezan estas búsquedas y quienes han aprendido a interpretar cómo responde la naturaleza ante la violencia.

Más de 3 mil fosas documentadas
De acuerdo con el estudio “Trazar la ausencia, caminar la esperanza”, entre enero de 2006 y septiembre de 2024 se documentaron en medios de comunicación al menos 3 mil 516 fosas clandestinas, 8 mil 341 cuerpos y 52 mil 305 restos humanos.
Las cifras provienen de registros periodísticos debido a que, en numerosas ocasiones, son las propias familias quienes llaman a los medios cuando encuentran una fosa.
El estudio advierte además que existen diferencias entre los datos registrados por medios de comunicación y los reportados por fiscalías.
Para las investigadoras, las fosas clandestinas no pueden entenderse como hechos aislados. Forman parte de una cadena de delitos que puede incluir homicidio, feminicidio, reclutamiento forzado y trata con fines de explotación sexual.
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Las fosas también cuentan una historia
El lugar donde aparece una fosa puede ofrecer pistas sobre el delito y las circunstancias en que ocurrió.
Las investigaciones citadas señalan que algunas fosas relacionadas con el crimen organizado han sido encontradas en campos, caminos o inmuebles utilizados como casas de seguridad.

En casos de feminicidio, en cambio, el sitio puede encontrarse incluso dentro de una vivienda, donde la privacidad y el aislamiento pueden facilitar la comisión del delito.
El caso del Rancho Izaguirre, en Jalisco, también puso bajo los reflectores la posible existencia de dinámicas de reclutamiento forzado, desapariciones y disposición clandestina de cuerpos, además del hallazgo de restos y posibles hornos.
Las buscadoras también enfrentan una crisis
Detrás de cada búsqueda hay familias que llevan años intentando encontrar a una persona desaparecida. Para Andrea Horcasitas, respaldar a quienes buscan es fundamental porque sin la participación de las familias, las instituciones pierden una parte esencial del trabajo de búsqueda.
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La crisis también tiene consecuencias económicas y sociales: familias que deben dedicar gran parte de su vida a buscar a sus seres queridos, mientras se acumulan pobreza, desgaste y afectaciones para niñas y niños.
El tema llegará próximamente a espacios internacionales. El 20 de octubre de 2026, la situación de las desapariciones forzadas en México será abordada en la Asamblea General de la ONU, mientras que el 23 y 24 de noviembre se realizará el diálogo sobre derechos humanos entre México y la Unión Europea.

La discusión internacional ocurre mientras continúa el debate sobre la responsabilidad del Estado, la cooperación para enfrentar la crisis forense y las medidas necesarias para prevenir nuevas desapariciones.
El punto central sigue siendo combatir la impunidad: mientras desaparecer a una persona no tenga consecuencias reales el riesgo de que estos crímenes continúen permanece.
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