Tres romances y tres culturas para el 12 de octubre (y más)
I.- De invención a invención
El lunes 12 se reinició un acedo debate, no saldado: ¿día de la raza? ¿De cuál raza? Y con este, otros pendientes como el planteado por el historiador Edmundo O’Gorman sobre “la invención de América.”
Lejos estamos de un consenso respecto a esos asuntos, pero, justo este mes —en fecha y lugar por definir— será presentada la novela Tres romances, tres culturas del escritor poblano José Miguel Ángel Torres Santana, publicada el pasado 3 de septiembre por Universo de Letras, asequible en formato electrónico a partir del martes 13 de este octubre, y en formato físico el día de la presentación, aquí en la Angelópolis.
En España, desde el día de su publicación, ya se puede comprar en ambos formatos.
La editorial, en la cuarta de forros del texto de Torres Santana nos adelanta:
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“En el romance mestizo, encontré un tesoro: después de la llamada del arquitecto Sosa Munguía al consultorio del Dr. Lozada, informando del hallazgo de una osamenta en los cimientos de la antigua finca en rehabilitación llamada San Antonio, en Huejotzingo, y al encontrar un ‘tesoro’ en una de las paredes de la construcción que databa del siglo XVI, se desataron una serie de eventos producto de la narración de las historias de romances en España y la Nueva España. Estas unen dos culturas, desembocando en el mestizaje mexicano-español y español-mexicano, dando lugar, a su vez, al tercer romance y a la misma tercera cultura que reivindica la mexicanidad, digna de ser portada con gran orgullo.”
Historiadores y ensayistas, con su postura, seguirán requiriendo varios volúmenes por autor para resolver las apremiantes cuestiones que plantea, cada año, la llegada del 12 de octubre. Poetas y narradores pueden requerir un libro para hacernos saber cómo pueden ser llenados esos huecos que la ciencia no puede colmar, siempre y cuando en la ficción todo sea aceptado por el lector, que un solo dato verídico, bien utilizado, haga creíbles los mundos más fantásticos, fantasiosos, lejanos o cercanos.
Y esto es lo que ha hecho Torres Santana en sus Tres romances, tres culturas: no con uno, sino con varios datos verídicos, ha construido una ficción que, sin que sea ésa su intención, propone una nueva mirada sobre cómo se construyó el país que ahora es México, a partir de qué romances y qué enlaces, más allá de las mal llamadas “razas humanas” de la cual, se ha comprobado científicamente, sólo hay una.
II.- Un médico en su tinta
José Miguel Ángel Torres Santana nació en la ciudad de Puebla 7 de julio de 1954; habitante durante años de la colonia América Norte, egresado del Instituto (entonces) Militarizado Oriente, se presenta en su propia tinta:
Soy “médico especialista en Cirugía general y del aparato digestivo, con conocimientos en cirugía oncológica y de trasplante de hígado, que ejerce su profesión y es docente en la Facultad de Medicina de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), interesado en aplicar los conocimientos médicos de vanguardia en los pacientes de mi Estado y país, con amplia experiencia (ya más de 40 años) y con una vocación permanente de servicio a los demás”.
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Agrega: “Graduado como Médico Cirujano y Partero en la Facultad de Medicina de la BUAP en 1979 (homologado al título de Licenciado en Medicina de España)” soy “graduado como Especialista en Cirugía General en el Hospital de Especialidades del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Puebla (con el diploma respectivo por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México), en 1985.”
Detalla: “Mis estudios posteriores son: Adiestramiento en servicio en Oncología Quirúrgica, por seis meses en el servicio de Oncología del Centro Médico Nacional, MAC, del IMSS en Puebla, en 1990. Dos estancias (de seis y un mes respectivamente) en el Hospital Universitario 12 de Octubre (nosocomio adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, España) para entrenamiento en Cirugía Mayor del Aparato Digestivo con Énfasis en Trasplante de Hígado, en 1999 y en el año 2000.”
III.- Un médico escribe
Siempre había yo tenido el deseo de escribir, y me gusta la novela romántica. Asimismo, tenía yo inquietud de manejar el tema del mestizaje, producto de vivencias propias, y eso me llevó a escribir la novela Tres romances, tres culturas.
Lo anterior lo informa en entrevista el médico José Miguel Torres Santana, docente de la Facultad de Medicina de la BUAP, quien recuerda: “Tenía yo la intención de ser escritor de medio tiempo, y médico de medio tiempo, pero la carrera de medicina es muy celosa, sobre todo en mi caso, que practico la medicina privada; y no lo pude hacer.”
Desde muy joven, Torres Santana se interesó por la escritura, según recuerda: “Solía hacer poemas a mi esposa desde que éramos novios, y ella tiene guardados algunos. También escribí algunos cuentos muy cortos, relatos breves.”
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Informa: “Autopubliqué un relato que titulé El cuento de la apendicitis aguda, orientado a la enseñanza de estudiantes iniciales de medicina, y para el público en general. Fue de un tiraje muy limitado y no le di promoción alguna. También he escrito sobre temas médicos en revistas especializadas, y capítulos en libros relacionados”.
Sobre el tema de su flamante novela, que presentará próximamente, explica: el mestizaje “sería el tema general, pero el romance español, el indígena y finamente mestizo también forman parte central de la novela; y la contextualizo manejando aspectos históricos.”
Y fija una postura: “Yo pienso que no se vivió un sometimiento formal [con la llegada de los europeos en 1492 a lo que hoy llamamos América], más bien una culturización religiosa y social españolizada, que permitió justamente el mestizaje, pero que indujo al clasismo en nuestra sociedad. Y que no habría un enfrentamiento formal entre supuestos conquistadores y conquistados desde la colonia en forma de virreinato. Por lo tanto, no siento una necesidad de reconciliación. Incluso me pregunto si no habría más necesidad de reconciliación después de la llamada ‘Independencia.’”
En cuanto al lector en el que pensó al redactar su novela, explica: “Principalmente pensé en hispanoparlantes, porque de alguna forma tuvieron que ver con el mestizaje español-indígena en el actual México y en casi todos los países latinoamericanos. Y lo principal, ciertamente es que lean la novela, que la disfruten y sientan que les aporta conocimientos que les permitan explicarse su situación actual, en su entorno social; que atiendan las aportaciones médicas que muestra y que genere curiosidad por conocer los lugares descritos en ella.”
Respecto a lo que sigue para él en materia de escritura, revela: “Tomando en cuenta que esta novela la escribí entre 2011 y 2012 y que dejé de escribir por trece años, al retomarla para publicarla hice las consabidas correcciones, agregando un par de capítulos por sugerencia del analista editorial de Universo de Letras, la editorial que la publicó, justamente me hice esa pregunta: ‘¿Qué sigue?’ Y estoy pensando la temática. Me gustaría escribir ensayos, tal vez insista en la novela romántica. En todos los casos, con un afán de ser útil a la sociedad.”
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La novela me ha despertado un grado de ilusión importante. Espero que la lean muchas personas y que, incluso logre despertar interés en lectores de otras lenguas, finaliza.
IV.- Un adelanto de novela
Con permiso por escrito del autor, José Miguel Ángel Torres Santana reproducimos parte de la Introducción de la novela Tres romances, tres culturas, Universo de letras, 2026.
Introducción
Doctor, doctor, los muchachos salieron corriendo de la obra, como alma que lleva el diablo. El único que permaneció allí fue Pedro, el maestro de obras, y me dijo que en la excavación de la barda que da hacia el canal encontraron una osamenta. Recuerde, doctor, el trabajo que nos costó reunir al personal de este rumbo para trabajar en la rehabilitación de la Finca de Velasco; en las ruinas que quedaron de ella. Con eso de que dicen que aquí espantan…
Era el arquitecto Sosa Munguía quien así me hablaba. Trabajaba en mi consultorio médico la mañana de un frío lunes del benigno invierno poblano, con un clima de unos 16 grados Celsius. Mi secretaria, angustiada, llamó a través del teléfono de comunicación interna para decirme que el arquitecto Sosa Munguía deseaba hablar
—Ponlo al teléfono —le dije.
En la bocina se oía una respiración agitada.
—Buenos días, arqui Sosa —saludé.
Antes de que yo terminara de hablar, el arquitecto comentó lo de la huida de los trabajadores.
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—¿Estás seguro arqui que esa es la causa? Ya ves las dificulta-des que tuvimos con los del Instituto Nacional de Antropología e Historia para que permitieran la remodelación de esas ruinas; como datan del siglo XVI, a pesar de que se estén cayendo no querían que se les metiera mano para remodelar, con el argumento de que se podría perder el estilo original. No vaya a ser que caduque la vigencia del permiso y no podamos terminar la obra.
—Caray doctor Lozada, en eso tiene razón, pero haga entender a esta gente que en la finca no asustan.
—El maestro Pedro dice que toda la gente de Zacatepec y Huejotzingo sabe que, en las ruinas de la finca, por las noches, se observa una luz que va de un cuarto a otro y se escuchan ruidos como gemidos, arrastran cadenas, martillan las paredes y se oyen aullidos que no se parecen a los de los perros del rumbo. En pocas palabras; que allí asustan y, con el hallazgo de la osamenta, no quieren saber ya del trabajo, aunque estén necesitados —agregó.
—Doctor, de casualidad ¿no podría usted venir a revisar los huesos, para saber si son de un cristiano y dar parte a la autoridad? O usted nos dice que hacemos —me pidió.
—Está bien, arqui. Deje que termine mi consulta, al cabo no hay más citados. Estaré con ustedes en una hora.
Terminé de consultar a la señora Rosa, que padecía cáncer de colon en fase terminal. Con ese mal sabor de boca y con la noticia del arquitecto Rubén Sosa Munguía de que los trabajadores de la restauración de la Finca de Velasco -a la que la gente llamaba De San Miguel- no querían saber más del asunto, salí de mi consultorio, sintiendo una temperatura ligeramente fría, con un chipi-chipi que humedecía apenas el piso del estacionamiento de autos que se encuentra al descubierto. Conduje por la calle Cúmulo de Virgo para doblar hacia el sur sobre la Vía Atlixcáyotl y tomar el viaducto Periférico hacia el poniente, para salir de la ciudad de Puebla y entroncar con la avenida Recta a Cholula que me pondría ya en la carretera Puebla-Huejotzingo —antes llamada carretera federal Puebla-México— cerca del sitio de la obra de restauración, que se encontraba un poco adelante del pueblo de Zacatepec antes de llegar a Huejotzingo.
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