Tienes que leer Medea me cantó un corrido
¿La maternidad es resistencia o lo es el decidir no maternar? Esta es una de las preguntas que surgen al leer Medea me cantó un corrido de Dahlia de la Cerda.
Comenzó la Semana Mundial de la Novela, por lo que queremos recomendarte en estos días algunas obras, abriendo con Dalia Guadalupe De la Cerda Ulloa.
Y sí, ya hemos hablado de ella en Mujeres que escriben la patria, pero ahora vamos con todo y un poco de spoilers, que aquí lo que queremos en convencerte de por qué leerla.

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¿De qué trata Medea me cantó un corrido?
Nos vamos a adentrar a seis historias que en apariencia son autoconclusivas, pero que en realidad están entrelazadas: Medea me ayudó a abortar; Medea, la mujer del proceso; Medea me cantó un corrido; Medea se tomó una kittychela en las fiestas de San Miguelito; La redención de Medea; Vine a Aztlán porque me dijeron que aquí buscan a sus hijos.
Ya por los títulos puedes hacerte una idea de qué va la cosa y sí… pero no. Claro, Medea es ese mítico personaje de la mitología griega, que se ayudó a Jason (Argonautas), y que cuando el “héroe” se fuese con otra mujer Medea mató a sus hijos.
Con el antecedente griego arrancamos con una idea preconcebida de la protagonista, pero Dahlia de la Cerda le da voz; por que sí, tal como lo dice el título de uno de los relatos: Medea fue la mujer del proceso para Jason y de como lo relata la autora:
“No puedo cambiar el pasado, quizá porque mi destino lo escribió la misoginia de los hombres, esa misoginia que por milenios nos escribió como emocionales. Como malas, malísimas, malotas. O como buenas, buenísimas. Sin matices”
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Entonces aquí pensemos a Medea como un ser con matices, no esa imagen inamovible, tal como las historias de Dahlia de la Cerda.
Medea me ayudó a abortar
Nos situamos en Aztlán, sí México, con el primer relato dónde una mujer decide abortar al entender que su pareja, un delincuente, no volverá y ella quedaría sola; hija de un militar sabe (y no sabe a la vez) que le ocurrió a su pareja, así que con ayuda de Medea ella aborta, eso sí, en el proceso conocemos como percibe el que su pareja sea considerado una persona que los demás consideran es mejor no encontrar.
Aquí Medea aparece como la amiga que llega en cuanto la necesitan y ayuda a interrumpir el embarazo de forma segura, con empatía, paciencia y sin juicio.
Medea, la mujer del proceso
Luego tenemos otra historia: lo cotidiano de una familia que celebrará una fiesta y las mujeres están apuradísimas en la cocina mientras los hombres están en otro lado relajados; Medea aparece como una amiga de nuestra protagonista, una mujer que salió del pueblo y se hizo novia de un hombre con dinero y poder: la operó y ahora la tiene en una jaula de oro de la que no podrá salir bajo ninguna circunstancia.
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En este relato Medea también ayuda a abortar: el niño significaría la privación absoluta, así que la decisión es supervivencia; pero también comunión, cuando se nos dice que en casa algunas mujeres han pasado por lo mismo.

Medea me cantó un corrido
El relato que le da título al libro: Medea me cantó un corrido, ¿Qué pasa cuando nos creemos el corrido? En esta ocasión tenemos la conexión con la mayoría del libro: un joven que fue viendo cómo su entorno cambió; la calle dejó de ser para jugar y fue el lugar de trabajo.
Entre promesas monetarias, enajenación familiar y un sistema que no brinda oportunidades: unirse a la maña puede darse casi natural.
Jordán tomó cada decisión que le acercaba a lo que los corridos le motivaban, les creyó, pensó que podría alimentar a su familia, conseguir una casa y que sus condiciones mejoraría: sabía lo que hacía y lo que podría pasarle, pero como la mayoría, se arriesgo, y desapareció.
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¿Y Medea? Aquí es el consuelo, la compañía de los que perdieron el camino y son buscados.
Medea se tomó una kittychela en las fiestas de San Miguelito
Este quizá sea el relato que más referencias tiene y que más nos obliga a mirar la violencia de frente. San Miguelito era un lugar que prosperaba por su turismo, su fiesta patronal y ambiente.
Poco a poco la violencia de grupos armados se fue haciendo presente, los hombres desaparecieron, reclutados o asesinados; luego los jóvenes, hasta que en el lugar quedaron las mujeres y niños.
En esta ocasión vemos a la maternidad como resistencia: parir en un entorno así de hostil: ¿sería resistencia o irresponsabilidad? Es una pregunta cuyo matiz encontramos con el primer relato y mientras pensamos en cómo responder, aparece Medea, que ahora hará todo por que esa criatura nazca, será la fuerza, el impulso y la compañía.
La redención de Medea
¿Recuerdas que Medea era la compañía de los desaparecidos? Ahora es el apoyo de las que buscan.
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La maternidad es cosa seria: sobre la redención nos encontramos con una mujer que padeció depresión posparto y debió seguir engendrando pese a ello, ayudada en silencio, porque esas cosas se saben pero no se hablan.
Vemos en ella lo que fue perder un hijo del que no sabía gran cosa y apreciaba a su manera, pero que no pudo decirlo porque no sabía como; eso sí, en cuanto desapareció tomo una pala, un sombrero y emprendió la búsqueda; enfrentando su miedo, el no saber dónde pero encontrando apoyo en otras mujeres.
Medea es quién las guía al lugar mientras las sostiene.
Vine a Aztlán porque me dijeron que aquí buscan a sus hijos
Nos adentramos al relato directo de Medea, Dahlia de la Cerda no se guarda nada: veremos la crítica a la idea de héroe y cómo no dista de la de delincuente.

Cómo se retrata a las mujeres en obras literarias y la necesidad de menospreciarlas cuándo no se sabe qué hacer con ellas; cómo Aztlán guarda los peores crímenes, la violencia con la que se nos normalizó vivir, la búsqueda de desaparecidos y la hermosura que aún así encontramos.
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Medea se responsabiliza por lo que se escribió hizo, sin embargo, toma impulso y decide qué hacer con lo que se sabe de ella y lo que puede hacer ahora.
¿Por qué leer Medea me cantó un corrido?
Si te interesa la crítica social, no mirar a otro lado y aceptar los matices: este libro tiene de sobra.
Dalia Guadalupe De la Cerda Ulloa, escritora y activista mexicana, demuestra su postura por las causas sociales, da voz a los ignorados y nos señala las realidades de quienes viven con lo que les tocó o les obligaron a pasar.

Los toques de realismo mágico junto con las continuas referencias a música, los modismos, o lo que se considera de barrio nos sumerge a sus relatos, logra que lo familiar nos guíe, sabiendo que Medea me cantó un corrido, resonará porque o bien ya lo vivimos, sabemos de alguien que lo vivió o nos toca de algún modo.
Medea me cantó un corrido, es clasificada como novela polifónica o una novela coral, gracias a esto se nos permite entender mejor la realidad de Aztlán, dónde la violencia se vive de diferentes maneras, tocando a todos y todo, pero dónde la esperanza se abre paso.
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