Mujeres artesanas ganan la mitad que los hombres
Para mujeres artesanas la precariedad se refleja en el pago desigual por un trabajo igual que a los hombres.
Trabajar durante semanas para recibir apenas entre 50 y 200 pesos por una prenda es parte de la realidad que enfrentan miles de mujeres dedicadas a la artesanía textil en México, un sector donde ellas perciben, en promedio, casi la mitad del ingreso de los hombres y donde el acceso a la seguridad social es prácticamente inexistente.
Las artesanas textiles registran un ingreso mensual promedio de 3 mil 699 pesos, mientras que sus pares hombres alcanzan 7 mil 399 pesos, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2025, recuperados por el consorcio UNIDAS en su informe “Tejiendo el cambio”.
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La brecha no sólo está en el salario. Apenas 2.4 por ciento de las trabajadoras del sector artesanía-textil cuenta con acceso a la seguridad social, frente al 4.5 por ciento de los hombres, cifras que evidencian la profunda vulnerabilidad laboral de quienes sostienen una parte importante de la producción artesanal del país.

El informe, elaborado por Oxfam México, el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC), Ethos Innovación en Políticas Públicas y Fundación Avina, advierte que la precariedad de las mujeres artesanas no es un fenómeno aislado, sino el resultado de desigualdades históricas, económicas, territoriales, étnicas y de género.
De acuerdo con el documento, el trabajo de una artesana textil puede pagarse en alrededor de 20 pesos por hora más materiales, lo que representa ingresos diarios de entre 100 y 120 pesos. La situación se vuelve todavía más crítica cuando prendas que requieren semanas de elaboración terminan vendiéndose por apenas 50 a 200 pesos, particularmente en contextos marcados por el regateo y la intermediación.
Para el consorcio, existe una profunda desconexión entre el tiempo, el conocimiento y el trabajo invertidos en cada pieza y la remuneración que finalmente reciben las artesanas.
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La “independencia” que también precariza
Aunque 63.3 por ciento de las personas artesanas textiles se identifica como trabajadora independiente, esta condición no necesariamente se traduce en autonomía económica ni en mejores condiciones laborales.
Por el contrario, “Tejiendo el cambio” señala que detrás de esa aparente independencia pueden esconderse esquemas de subcontratación, intermediación abusiva y comercialización desigual, en los que quienes elaboran las prendas reciben sólo una mínima parte del valor final de sus productos.
A esto se suman prácticas como el plagio y la apropiación cultural, que reducen aún más los beneficios para las comunidades y personas creadoras.
La desigualdad también se refleja en los espacios donde se desarrolla el trabajo. Según la ENOE 2025, 79.5 por ciento de las artesanas textiles trabaja en micronegocios instalados en sus propios domicilios, frente a 49.2 por ciento de los hombres.

Así, la producción artesanal continúa mezclándose con el trabajo doméstico y de cuidados, una carga que históricamente ha recaído de manera desproporcionada sobre las mujeres y que contribuye a mantenerlas en condiciones de mayor vulnerabilidad económica.
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Los datos recopilados por UNIDAS muestran que, más allá de casos que han generado polémica por la participación de grandes empresas en la comercialización de prendas elaboradas por artesanas, la precariedad en el sector textil-artesanal tiene raíces mucho más profundas.
Ser mujer, indígena o rural sigue significando enfrentar mayores obstáculos para obtener un ingreso digno, seguridad social y reconocimiento por el valor real del trabajo realizado.
El informe es contundente: la precarización de las mujeres en la artesanía textil no es coyuntural, sino una consecuencia de un sistema donde convergen la exclusión económica, la discriminación étnica y territorial, la desigualdad de género y el débil reconocimiento laboral.
Mientras una pieza artesanal puede representar días o semanas de conocimiento, técnica y trabajo, para muchas mujeres que la elaboran el resultado sigue siendo el mismo: más horas de trabajo, menos ingresos y casi ninguna protección laboral.
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