Fracking en México: una apuesta millonaria con costo ambiental
El posible regreso del fracking al debate energético mexicano enfrenta una pregunta que va más allá de la disponibilidad de gas: ¿cuánto costaría realmente extraerlo y qué riesgos implicaría?
Especialistas y organizaciones ambientalistas advierten que la fracturación hidráulica podría representar inversiones considerablemente mayores a las de un pozo convencional, además de plantear cuestionamientos por el uso de agua, la rentabilidad de los proyectos y la participación de empresas extranjeras.
De acuerdo con Arturo Carranza, especialista en el sector energético, producir mediante un pozo no convencional tendría un costo promedio de entre 5 y 8 millones de dólares, mientras que un pozo convencional requeriría entre 3.5 y 5 millones de dólares.
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Sin embargo, la Alianza Mexicana Contra el Fracking plantea cifras todavía más elevadas: estima que cada pozo podría alcanzar un costo de entre 20 y 25 millones de dólares. La organización también sostiene que, en Estados Unidos, alrededor de 80 por ciento de los pozos fracturados no son económicamente viables, debido, entre otros factores, a la rápida disminución de su producción y a la baja recuperación de hidrocarburos.
¿Quién se beneficiaría del negocio?
Otro de los puntos de discusión es la participación de empresas extranjeras en este tipo de proyectos. La Alianza Mexicana Contra el Fracking y CartoCrítica han señalado que el desarrollo de esta técnica podría incrementar la dependencia de México hacia compañías internacionales.
Entre las empresas con presencia en esta industria se encuentran Schlumberger, Baker Hughes y Halliburton, compañías que ya han participado en operaciones relacionadas con hidrocarburos en México mediante contratos con Pemex.
Para Fabio Barbosa, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, las recomendaciones de una comisión de expertos representan una oportunidad para abordar el debate desde una perspectiva económica y técnica.
El especialista señaló que en algunos pozos de Coahuila donde se ha utilizado fracturación hidráulica se ha encontrado gas e incluso petróleo; sin embargo, advirtió que se trata de yacimientos pequeños, por lo que antes de avanzar sería necesario comprobar que existan volúmenes comercialmente aprovechables.
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La geología también juega en contra
Barbosa destacó que la compleja geología mexicana puede dificultar la explotación de hidrocarburos no convencionales, debido a la presencia de formaciones rocosas que no necesariamente ofrecen las mismas condiciones que regiones como Texas o Vaca Muerta.

Esta situación, explicó, habría influido en la decisión de algunas empresas de abandonar bloques obtenidos previamente en procesos de adjudicación, entre ellas NEWPEC, así como Jaguar Oil, IDESA y Renaissance, junto con socios canadienses.
Frente a este escenario, el investigador planteó la necesidad de acelerar el desarrollo de fuentes de energía renovable.
El agua, uno de los mayores cuestionamientos
El debate también tiene una fuerte dimensión ambiental. 32 organizaciones, entre ellas la Alianza Mexicana Contra el Fracking, demandan una prohibición total de esta técnica para extraer petróleo y gas de formaciones rocosas de baja permeabilidad.
Uno de sus principales argumentos es el enorme consumo de agua asociado a la fracturación hidráulica. Las organizaciones estiman que recuperar apenas 10 por ciento de los recursos prospectivos implicaría perforar más de 25 mil pozos y utilizar alrededor de mil 923 millones de metros cúbicos de agua dulce.
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También cuestionan que las comunidades potencialmente afectadas no hayan sido incorporadas de manera suficiente a la discusión y advierten que las tecnologías que buscan reducir el uso de agua dulce todavía se encuentran en una etapa experimental.
Los detractores de la técnica sostienen que no existe evidencia científica suficiente para asegurar que estas alternativas eliminen los riesgos inherentes al fracking.
El rechazo no es exclusivo de México. Países como Francia, Bulgaria, Irlanda, Alemania, España, Reino Unido y Países Bajos han prohibido o suspendido esta práctica debido a preocupaciones relacionadas con contaminación del agua y sismos inducidos.
En territorio mexicano, autoridades locales y comunidades de 13 municipios de la región Huasteca, incluidas localidades de San Luis Potosí, también han rechazado solicitudes de permisos relacionados con esta actividad.
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Así, el debate sobre el fracking en México vuelve a colocarse sobre la mesa con tres preguntas centrales: qué tan rentable es, cuánto costaría realmente y cuál sería el impacto ambiental y social de apostar por esta técnica.
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