El dinero como una forma de violencia contra las mujeres
Impedir que una mujer trabaje, controlar su sueldo o limitar sus decisiones financieras son algunas de las formas de violencia económica que pueden afectar su autonomía y mantenerla en una situación de dependencia.
En ocasiones, la violencia a las mujeres aparece en decisiones cotidianas relacionadas con el dinero: quién puede trabajar, quién administra los ingresos o quién tiene la última palabra sobre los gastos del hogar.
La violencia económica, es una forma de agresión que utiliza los recursos financieros como mecanismo de control y que puede limitar la independencia de las mujeres, incluso cuando cuentan con un empleo y generan sus propios ingresos.
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De acuerdo con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, esta conducta comprende acciones u omisiones que afectan la supervivencia económica de una víctima, como controlar sus ingresos o pagarle menos que a un hombre por realizar el mismo trabajo.
¿Cómo identificar la violencia económica?
La violencia aparece cuando el dinero se utiliza para controlar, someter o limitar la capacidad de decisión de otra persona.
Algunas de sus manifestaciones son:
- Controlar el sueldo: exigir que una mujer entregue todo su salario o impedirle disponer de sus ingresos.
- Impedirle trabajar: prohibirle conseguir empleo o poner obstáculos para que no alcance independencia económica.
- Limitar sus gastos: obligarla a pedir permiso para comprar artículos personales o cubrir sus propias necesidades.
- Negarle recursos básicos: retener dinero destinado a alimentación, vivienda, salud o educación.
- Generar dependencia económica: utilizar la falta de ingresos propios para impedirle tomar decisiones o abandonar una relación.
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Estas conductas pueden presentarse dentro de una relación de pareja o en el entorno familiar. También pueden relacionarse con prácticas de discriminación en el ámbito laboral.
Una realidad que también muestran las cifras
En México, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2021, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, estimó que el 27.4 por ciento de las mujeres de 15 años y más había experimentado violencia económica, patrimonial o discriminación a lo largo de su vida.
Este porcentaje corresponde a una categoría que agrupa esas formas de violencia, por lo que no representa exclusivamente los casos de violencia económica.
Esta misma encuesta señaló que siete de cada diez mujeres de 15 años y más habían experimentado al menos una situación de violencia a lo largo de su vida.
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La independencia económica también es una forma de libertad
Una de las consecuencias de esta violencia es que puede dificultar que las mujeres abandonen relaciones en las que enfrentan otras formas de agresión. Sin ingresos propios, acceso a sus recursos o posibilidades de trabajar, tomar la decisión de separarse puede convertirse en un proceso mucho más complicado.
Reconocer la violencia económica consta de no normalizar prácticas como: una pareja debe administrar todo el dinero, que una mujer no necesita trabajar o que debe justificar cada gasto, incluso cuando utiliza sus propios ingresos.
Tener la posibilidad de trabajar, administrar el propio dinero y decidir sobre los recursos personales es parte de la autonomía y los derechos de todas las mujeres.
