Ameba “comecerebros”: qué es, cómo actúa y cuáles son los riesgos en agua dulce
El hallazgo de la ameba Naegleria fowleri en Yucatán tras el fallecimiento de un hombre reencendió las alertas sanitarias sobre los riesgos de este parásito en agua dulce, motivando el cierre preventivo de seis lagos para proteger a la población.
Aunque las infecciones causadas por este microorganismo son extremadamente raras, presentan un índice de mortalidad cercano al 97 por ciento. Esto exige reforzar las medidas de prevención e información pública ante cualquier actividad en cuerpos de agua cálidos.
De acuerdo con datos del Instituto Robert Koch y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), este organismo unicelular termófilo prospera en aguas dulces templadas como lagos, ríos y manantiales.
El parásito se reproduce con mayor efectividad a temperaturas cercanas a los 46 grados Celsius. Por ello, el aumento global de las temperaturas e intemperies de verano incrementan la probabilidad de su presencia en estos ecosistemas.
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Vía de contagio, síntomas y diagnóstico oportuno
El contagio de Naegleria fowleri no ocurre al beber agua ni se transmite de persona a persona mediante aerosoles o aire. La única vía de entrada al cuerpo humano es la cavidad nasal; al nadar, bucear o realizar actividades acuáticas, el agua contaminada ingresa por la nariz y la ameba se desplaza hacia el cerebro a través del nervio olfativo, desencadenando una afección llamada meningoencefalitis amebiana primaria (MAP).
El periodo de incubación suele variar entre los tres y catorce días tras el contacto. Los síntomas iniciales incluyen:
- Fiebre alta, dolor de cabeza intenso, náuseas y vómitos.
- Rigidez en el cuello, confusión y pérdida del equilibrio.
- Convulsiones, alucinaciones y alteraciones del estado mental.
Ante la presencia de estos malestares tras haber nadado en cuerpos de agua dulce cálidos, las autoridades sanitarias recomiendan buscar atención médica de urgencia. Aunque el tratamiento médico requiere la combinación especializada de antifúngicos, antibióticos y fármacos específicos como la miltefosina, la intervención rápida resulta determinante para la supervivencia.

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