¿Por qué comemos pozole en septiembre? La historia detrás del platillo más mexicano de las fiestas patrias
Cada septiembre, el pozole llega a las mesas mexicanas como parte de las celebraciones por la Independencia, pero su historia comenzó mucho antes de las fiestas patrias.
Septiembre sabe a pozole. En casas, mercados, restaurantes y verbenas, este platillo aparece entre tostadas, rábanos, lechuga, cebolla, orégano y limón para acompañar las celebraciones del mes patrio. Pero, ¿por qué se convirtió en una de las comidas que no pueden faltar durante estas fechas?
La respuesta está en su historia.
El pozole tiene origen prehispánico y su nombre viene del náhuatl pozolli, relacionado con la espuma que aparece cuando hierve el maíz. Su ingrediente principal es el maíz cacahuazintle, un grano que al cocinarse se abre y adquiere la apariencia de una flor.
Antes de la llegada de los españoles, el platillo tenía un significado ritual y estaba relacionado con celebraciones religiosas. Con el paso del tiempo, su preparación cambió y se incorporaron ingredientes traídos por los españoles, entre ellos la carne de cerdo. Así, el pozole se convirtió también en un ejemplo del mestizaje que marcó la cocina mexicana.
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Del ritual a la fiesta mexicana
Apesar de que el pozole puede comerse durante todo el año, su vínculo con septiembre se fortaleció por las celebraciones de la Independencia de México.
La noche del 15 de septiembre, cuando familias y comunidades se reúnen para celebrar el Grito de Independencia, el pozole se convirtió en uno de los platillos más populares de la cena. Con el tiempo, esa costumbre se extendió a prácticamente todo el mes.
Lo espectacular es que no existe un solo tipo de pozole.
Dependiendo de la región, puede ser blanco, rojo o verde, además de prepararse con diferentes carnes e ingredientes. El rojo es característico de estados como Jalisco y Michoacán; el verde tiene una fuerte presencia en Guerrero y suele llevar pepita de calabaza y tomate verde, mientras que el blanco es una de las versiones más tradicionales. También existen preparaciones con mariscos y opciones vegetarianas.
¿Y por qué justamente en septiembre?
No hay una regla histórica que diga que el pozole deba comerse exclusivamente durante septiembre. Su presencia en las fiestas patrias es, sobre todo, una tradición que se consolidó alrededor de las celebraciones de la Independencia.
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Además, septiembre coincide con una época importante para el campo mexicano y con la disponibilidad de productos como el maíz y el chile, ingredientes fundamentales de la gastronomía nacional.
Por eso, cuando llega septiembre, el pozole deja de ser solamente un plato de comida: se convierte en parte de la celebración.
Rojo, blanco o verde; con cerdo, pollo o incluso mariscos; con tostadas o sin ellas, cada familia tiene su propia manera de prepararlo. Y ahí está una de las razones por las que sigue presente en las fiestas patrias.
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