Imperio mexica: del sitial a la conmemoración

Moisés Ramos - Férrea memoria

I.- Moctezuma Cortés de Moctezuma

En 1790, Juan José María Moctezuma Cortés de Moctezuma, cacique de Tepeji de la seda, quedó registrado como uno de los estudiantes (indígenas) del obispado de Puebla graduados en la Real y Pontificia Universidad de México.

Por la fecha, el sureño cacique debió haber estudiado con los jesuitas, pues la investigadora Margarita Menegus Bornemann consigna que había sido alumno del Colegio de San Ignacio en la entonces Ciudad de los Ángeles, y se había recibido como bachiller en Artes; era el grado que solían obtener la mayoría de los “indios puros”, el cual representaba apenas el uno por ciento de quienes obtenían ese título en la antedicha universidad, que monopolizó la expedición de grados durante el virreinato.

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Bornemann nos recuerda que, en la época virreinal, los caciques de Tepeji —“el lugar de los peñascos”— al sur del actual Estado de Puebla “se mantuvieron en una posición de privilegio”; cuatro eran las familias que acaparaban los recursos de la región: además de los Moctezuma Cortés de Moctezuma, los De la Cruz, Mendoza y Luna, quienes emparentaron con familias caciquiles de Tepeyacac (Tepeaca) e Itzocan (Izúcar).

Eran dueños de “incalculables extensiones de tierra en la parte sur del obispado de Puebla, colindantes con la región mixteca” escribe la investigadora y, algunos de ellos vivían en la Ciudad de los Ángeles, como Juan José María, quien también lo hizo en la Gran Tenochtitlán para graduarse.

Terratenientes en Tepeji, los Moctezuma habían heredado el cacicazgo de Gonzalo de Moctezuma, nieto del emperador de ese apellido (Motecuhzoma “señor que frunce el ceño por enojo”). Si se respetaban las disposiciones legales, nuestro Bachiller en Artes debió haber sido “indio puro” para ser estudiante y buscar un grado universitario, es decir, no tener mezclas raciales de negro, mulato o chino. Juan de Palafox exigió a mediados del XVII respetar este considerando, lo mismo que una cédula real de 1697, reiterada en 1725.

El reclamo del Imperio Mexicano (no es broma) que se ha hecho, podría buscar sus antecedentes en Tepeji, entre los peñascos. En Ciudad del Maíz, en San Luis Potosí, donde descendientes de Isabel Isabel, Moctezuma Tecuichpo Ixcaxochitzin, hija de Moctezuma II, se establecieron  y viven, o vivían por lo menos hasta el pasado siglo XX. 

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II.- Tzitzimine en Tenochtitlán

El primer reclamo del imperio de Moctezuma lo hizo, precisamente, Moctezuma II, Xocoyotzin —el joven— hijo de Axayácatl, en 1502 (año Diez conejo), cuando murió su tío Ahuizotl, con lo cual logró mantener el imperio mexica, que no azteca: implicaba un dominio militar y tributario en la mayor parte de lo que se ha llamado Mesoamérica, donde la lingua franca era el náhuatl.

Famoso por sus dotes de guerrero, Xocoyotzin mantuvo a raya, con sus aliados de la Triple alianza —Tetzcoco y Tlacopan desde 1428— a Tlaxcallan, Chollollan y Huejotzinco, las naciones que circundaban, precisamente con Tetzcoco, el Valle de México, pero su presencia y poderío llegaron, por ejemplo, hasta la Huasteca, donde los poetas dejaron constancia de que el soldado tlatoani reconoció en el sitio el Tlalocan, por su riqueza de flora y fauna, lo mismo que hídrica. También fue famoso su dominio de la región del Soconusco.

Asesinado en su propio palacio, rodeado de hispanos el 30 de junio de 1520, cuando tenía aproximadamente 53 años de edad, la versión que los invasores dieron es que el tlatoani —“quien habla”, traducción del término— había sido asesinado por sus propios súbditos, historia que tendría alguna credibilidad si entre los españoles no estuvieran, por ejemplo, Pedro de Alvarado, quien fue capaz de ordenar dos matanzas, una en Cholula y otra en Tenochtitlán, contra pueblos desarmados, asesinando mujeres, niños y hombres, algunos de ellos guerreros, no todos.

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Un español, Bernardino de Sahagún dejó escrito que, una vez en rebelión los mexicas ante la presencia invasiva de los españoles en México-Tenochtitlán, éstos, encabezados por Cortés, mandaron “dar garrote” a Moctezuma y a sus principales. En el Códice Ramírez está asentado que los hispanos mataron a puñaladas al tlatoani que los había acogido en su palacio; esta versión la recoge Hernando de Alvarado Tezozomoc en la Crónica Mexicáyotl, y así se lee en las Relaciones Chalco–Amaquemecan

Moctezuma II podría haber sido cualquier cosa, menos un cobarde —como lo contaron en sus versiones los invasores—, a tal grado que se necesitó de varios españoles para asesinarlo a cuchilladas.

Así, todavía en las calles de la gran México—Tenochtitlán —cuenta quienes pasan por ahí o trabajan en sus alrededores—, sobre todo en las cercanías donde estuvo su palacio, se ven a las tzitzimime, los espíritus obscuros de los asesinos vagando sin descanso.

III.- Mexhitli, nosotros los mexicas

Cortés contó dos mentiras: que su pueblo fue quien asesinó a Moctezuma y que éste había “cedido” voluntariamente su imperio a los hispanos.

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El segundo en reclamar el imperio mexica, o de Moctezuma, fue el hermano del Xocoyotzin, Cuitláhuac. Se hizo con él y, a su muerte, por cocoliztli, viruela, lo heredó Cuauhtémoc, asesinado por Cortés. 

Moctezuma II tuvo varias esposas; el casamiento con ellas se debía, fundamentalmente a alianzas políticas, por lo que no es de extrañar que el emparentar con los caciques de Tepeji de la seda en lo que hoy es el Estado de Puebla, haya sido por esos motivos, y que sus descendientes ahí, fueran parte de la nobleza, y aseguraran el mantenimiento de sus privilegios y, con ello, del virreinato.

Tepexi fue un señorío de mixtecos y los mal llamados popolocas, la nación ngiwa, que estuvo dominado por los mexicas hasta la invasión española, época en que los dominicos trasladaron la población original al sitio que ahora ocupa. Se llamó “de la seda” por la gran cantidad que producía de ella; y para honrar al militar Prudencio Rodríguez, destacado en la Guerra de Reforma, se le dio su apellido al municipio.

Su historia se remonta al cretácico, de acuerdo con los hallazgos hechos desde hace poco más de 40 años por pobladores e investigadores de la UNAM, por lo que existe ahí en museo que lo muestra, “santuario paleontológico” de alta importancia en el continente americano.

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Ahí fue donde creció y heredo el cacicazgo el nieto de Moctezuma Xocoyotzin, Gonzalo de Moctezuma.   

Después de la caída de Tenochtitlán, Tecuichpo Ixcaxochitzin, hija de Moctezuma Xocoyotzin —que vivía con éste en a ciudad de México- y una mujer de la que sólo se sabe se llamó Tezalco, adquirió relevancia.

Nacida probablemente entre 1509 y 1510, bautizada por Hernán Cortés como Isabel, Moctezuma Tecuichpo Ixcaxochitzin; fue educada en el calmécac, donde posiblemente se encontraba a la llegada de los invasores.

Aparentemente cuando su padre fue asesinado, habría casado con Cuitláhuac, y posteriormente con Cuauhtémoc, aunque no hay evidencia de ello. Por otra parte, Tecuichpo, el nombre que conservó al iniciar el gobierno español, quiere decir “prónuba”. Ella y su tercer marido español afirmaban que así había llegado al matrimonio, y al parecer lo afirmaban reclamando riquezas y beneficios varios por esa condición.

Bautizo implicaba, para la hija de Moctezuma que podía casar con españoles; y entregar dote. Pero también recibir encomienda, que en su caso fue la de Tula, en 1526, y la de Tacuba, que le había preparado Cortés con el fin de que pudiera tener matrimonio con un hispano, condición que también le permitía usar títulos nobiliarios, escudo de armas, ropa europea, pero también los distintivos de la nobleza indígena.

Isabel Moctezuma tuvo, al menos, tres esposos españoles, Alonso de Grado (1526), Pedro Gallego de Andrade (1527) y, muertos los dos primeros Juan Cano Saavedra (1531); con el segundo tuvo al menos un hijo, Juan de Andrade Moctezuma, y con el tercero a Juan Cano Moctezuma y cuatro descendientes más, dos hombres y dos mujeres.

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Tales matrimonios dieron oportunidad a los hispanos a negociar con la nobleza indígena e impedir el reclamo del imperio caído.

Juan Cano, su tercer marido, dejó constancia de la inteligencia y educación de Isabel, quien era rica al poseer la encomienda de Tacuba. En cierto modo, al ser bilingüe y dominar el español y el náhuatl, pero, sobre todo al ser de origen noble, ocupó el lugar que había tenido Malintzi, de quien, en la época, se borra toda huella, al grado de que se desconoce dónde, cómo y cuándo murió. La negociadora era ahora Isabel y, al unirse legalmente a un español, unión reconocida por la corona española, era altamente útil a los hispanos.

Además, existe la versión de que una primera hija suya, Leonor, lo era de Hernán Cortés, pese a lo cual, o por lo cual no aparece en su testamento, pero algunas fuentes indican que sí le habría dejado propiedades y dinero.   

Isabel murió aproximadamente a los 40 o 41 años de edad, en 1551, y tuvo tal poder que, en su testamento, dejó su encomienda de Tacuba al hijo de su segundo marido, Juan Andrade y no a los de sus tercer esposo; y ordenó que todos los “naturales” o indígenas que eran sus esclavos, fueran liberados a su muerte:

“…quiero y mando, y es mi voluntad que todos los esclavos, indios e indias naturales de estas tierras, que el dicho Juan Cano, mi marido, y yo, tenemos por nuestros propios, por la parte que a mí me toca sean libres de todo servicios y servidumbres y cautiverios; y como personas libres, hagan de si a su voluntad, porque yo no los tengo por esclavos, y en caso que lo sean, quiero y mando que sean libres…”

Con esa acción, Isabel mostró ser digna hija del tlatoani.

Ni Leonor ni los otros cinco hijos de Isabel, reclamaron el trono de Moctezuma II, Xocoyotzin.

Curiosa noticia la que nos da Beatriz Gutiérrez Múller: Martín Nezahualtecolotzin, hijo de Moctezuma y Hernando de Tapia, hijo de Andrés de Tapia Motelchiuhtzin, casaron con españolas por la condición de aristocracia que España les otorgó al ser hijos de tlatoanis. (La Jornada Semanal, 26 de julio del 2026)

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Ese reconocimiento a los varones hijos de la nobleza indígena, con los privilegios que implicaba, se infiere, impidió que reclamaran el Imperio Mexica,

IV.- Pedregal del malpaís

El que se considera el “trono (icaplli) de Moctezuma” es un ninimonumento de piedra volcánica, probablemente hecho en 1507 o 1508, pues del primer año muestra la celebración del Fuego nuevo (toxiuhmolpilia, atado de cuatro trecenas de años), que se realizaba cada 52 años. En forma de pirámide o teocali, quedó enterrado, con gran parte del Templo Mayor mexica, y fue desenterrado en 1831; hoy descansa en el Museo Nacional de Antropología, en Chapultepec.  

La piedra tallada mide un metro 23 centímetros de altura, y de profundidad y de ancho, casi un metro.  En él se muestra el glifo Dos Casa (Ome calli), 1325 de nuestra era, cuando se considera fue fundada la Gran México-Tenochtitlán. Si como algunos sugieren, el año fuera 1315, Macuil acatl, Cinco Caña, la fecha se refiere al fin de la migración de los aztecas, precisamente desde Aztlán, algunos de cuyos migrates eran, entre otros, los mexicas.

Para Xocoyotzin, sentarse en ese sitial, no era cualquier cosa: le convertía en el intermedio y el intermediario entre el sol y la tierra, impidiendo que el primero destruyera con su fuerza a la segunda; de él era advocación Huitzilopochtli, “el zurdo colibrizado”, con su colibrí como insignia y su pie izquierdo envuelto en fuego o expeliéndolo. Así se muestra en la parte posterior del trono, con un disco solar, semejante a la mal llamada “Piedra del sol”, donde también se ve al propio Moctezuma. Y en el asiento propiamente está Tlaltecuhtli, “el señor de la Tierra”.

Dos signos se distinguen claramente en el respaldo citado: el del conejo, nombre de unos de los cuatro años, repetidos hasta sumar una trecena, y el del tule, que podría ser por Tenochtitlán; o no ser tule, sino caña, otro de los nombres de la cuarteta de años que se repetía cada trecena de ellos.

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El águila en la parte posterior del sitial, con Huitzilopochtli hacen referencia a la fundación de México-Tenochtitlán. Cuatro deidades más están representados a los lados: Tláloc, dios de la lluvia; Tlahuizcalpantecuhtli, dios del amanecer; Xochipilli, dios de las artes, el verano y las flores, y Tezcatlipoca, dios, entre otras atribuciones, del destino, hermano gemelo de Quetzalcóatl.

Todo lo anterior, para mostrar el “respaldo divino” a Moctezuma Xocoxotzin, quien no cumplió los 52 años de mandato del ciclo que inició, sino solo una cuarta parte, trece años, hasta 1520.

El próximo mes de agosto, cuando se cumpla un año más del inicio de la destrucción de la Gran México—Tenochtitlán, como pretenden algunos ¿de verdad alguien reclamará el imperio de Moctezuma?

Es cuanto.    

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