Sin trabajo doméstico, la economía se detendría
El trabajo doméstico no es imperceptible, basta con dejar de hacerlo para que se note, pero sí es invisible para quién no lo valora y lo trata como la obligación de otros, usualmente de las mujeres.
Cocinar, limpiar, cuidar a niñas, niños, personas mayores o con discapacidad, administrar el hogar y realizar compras son actividades que, aunque suelen pasar desapercibidas y en muchos casos no reciben remuneración, representan una necesidad para el desarrollo social y económico.
El trabajo doméstico y de cuidados permite que millones de personas puedan incorporarse al mercado laboral, estudiar o emprender otras actividades productivas, al asumir tareas esenciales para el funcionamiento de los hogares.
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Gran parte de este trabajo continúa siendo invisible y recae principalmente en las mujeres, quienes destinan una cantidad considerable de horas a labores de cuidado y mantenimiento del hogar sin recibir un salario o reconocimiento equivalente a su aportación.
Trabajo doméstico como base del desarrollo
Además de sostener la vida cotidiana de las familias, estas actividades generan un impacto directo en la economía, ya que reducen costos para los hogares, favorecen la productividad y contribuyen al bienestar de la población, convirtiéndose en un elemento indispensable para el desarrollo de cualquier sociedad.
Reconocer el valor del trabajo doméstico implica impulsar acuerdos que promuevan una distribución más equitativa de las tareas de cuidado, mejores condiciones para las personas trabajadoras del hogar y una mayor corresponsabilidad entre familias, instituciones y sectores productivos.
En México, millones de mujeres enfrentan una “triple jornada“: además de su empleo remunerado, realizan la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados sin recibir un salario. De acuerdo con la ENUT 2023 del INEGI, ellas destinan en promedio 40.8 horas semanales al trabajo no remunerado, más del doble que los hombres, quienes dedican 15.9 horas semanales, lo que evidencia el peso que estas labores tienen para el funcionamiento de los hogares y de la economía.
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La triple jornada comprende:
- Trabajo remunerado: empleo o actividad económica.
- Trabajo doméstico no remunerado: limpieza, cocina, compras, administración del hogar, entre otras tareas.
- Trabajo de cuidados no remunerado: atención de hijas e hijos, personas mayores, enfermas o con discapacidad, además del apoyo emocional y organización familiar.
Si a esas horas se suma una jornada laboral remunerada de tiempo completo (por ejemplo, 40 a 48 horas semanales), muchas mujeres terminan realizando el equivalente a dos o hasta tres jornadas de trabajo, de ahí la expresión “triple jornada”. No se trata de tres empleos formales, sino de la acumulación de responsabilidades laborales, domésticas y de cuidados.
Aunque muchas veces ocurre detrás de las puertas de una casa, el trabajo doméstico es una actividad que sostiene comunidades enteras y demuestra que el desarrollo económico no solo depende de lo que ocurre en empresas, oficinas o fábricas, sino también del esfuerzo cotidiano que mantiene en funcionamiento a millones de hogares.
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