El otro marcador del Mundial: la batalla por la igualdad que sigue perdiendo el fútbol
Mientras miles de millones de personas se preparan para seguir la Copa Mundial Masculina de 2026, una pregunta resuena fuera de las canchas: ¿puede el evento deportivo más grande del planeta convertirse también en un motor de igualdad de género?
La respuesta, según ONU Mujeres, es urgente. Aunque el fútbol tiene la capacidad única de unir culturas, países y generaciones, el deporte más popular del mundo sigue arrastrando profundas desigualdades para las mujeres y las niñas.
Esta Copa del Mundo será histórica. Por primera vez participarán 48 selecciones, se disputarán 104 partidos en 16 ciudades de tres países anfitriones y se espera una audiencia cercana a los 6 mil millones de espectadores, una cifra sin precedentes. Para ONU Mujeres, semejante escaparate global representa una oportunidad irrepetible para impulsar cambios que trasciendan el terreno de juego.
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El fútbol femenino ya demostró que el público existe
Los argumentos sobre una supuesta falta de interés han quedado atrás. La Copa Mundial Femenina de 2023 reunió a casi 2 mil millones de espectadores, la mayor audiencia registrada para un evento deportivo femenino. Además, se proyecta que el fútbol femenino alcance más de 800 millones de aficionados para 2030.
A pesar de ello, la visibilidad sigue siendo desigual. Aunque el deporte femenino genera una parte importante de las horas de visualización, continúa recibiendo una cobertura mediática considerablemente menor que el deporte masculino.
Miles de millones en juego, pero no para todas
Las cifras económicas del fútbol son monumentales. La FIFA prevé ingresos cercanos a los 9 mil millones de dólares durante el año mundialista y alrededor de 13 mil millones de dólares en todo el ciclo comercial 2023-2026.
Sin embargo, la riqueza generada por el deporte no se refleja en los ingresos de las atletas. Ninguna mujer aparece en la lista de los 50 deportistas mejor pagados del mundo elaborada por Forbes en 2025. Además, el fondo de premios de la Copa Mundial Femenina de 2023 representó apenas una fracción de lo entregado en el torneo masculino.
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Para organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, esta brecha económica representa una de las contradicciones más evidentes del fútbol moderno: un negocio multimillonario que aún no remunera en igualdad de condiciones a quienes también construyen el espectáculo.
Las mujeres siguen fuera de los espacios de decisión
La desigualdad no se limita a los salarios. De acuerdo con los datos citados por ONU Mujeres, las mujeres ocupan apenas poco más del 32 por ciento de los cargos ejecutivos en federaciones deportivas internacionales y representan únicamente el 5 por ciento de las personas registradas como entrenadoras de fútbol en el mundo.
Esto significa que muchas de las decisiones sobre el futuro del deporte continúan tomándose en espacios donde la experiencia femenina sigue siendo minoritaria.
Cuando el fútbol también expone una realidad incómoda
Uno de los aspectos más preocupantes señalados por ONU Mujeres es el vínculo que diversos estudios han encontrado entre grandes eventos deportivos y el incremento de la violencia contra las mujeres.
Investigaciones realizadas en países como Brasil, Estados Unidos, Inglaterra y Escocia documentaron aumentos en amenazas, agresiones físicas y otros actos de violencia durante jornadas relacionadas con partidos de alta relevancia.
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A ello se suma el acoso y la violencia que enfrentan mujeres que participan directamente en el deporte como árbitras, entrenadoras, periodistas, directivas y jugadoras, muchas veces sin mecanismos efectivos de protección o denuncia.
Las niñas siguen abandonando el juego
La desigualdad también se refleja en las nuevas generaciones. Las niñas menores de 14 años abandonan el deporte al doble de la tasa que los niños debido a factores como los estereotipos de género, la inseguridad, la falta de recursos y la escasez de referentes femeninos.
Para ONU Mujeres, cada niña que deja el deporte representa una oportunidad perdida de formar futuras líderes, profesionales y agentes de cambio.
Con la mirada del planeta puesta en la Copa Mundial de 2026 y la próxima Copa Mundial Femenina de 2027 en Brasil, la organización sostiene que el fútbol enfrenta un desafío que va más allá de los resultados y los trofeos: aprovechar su enorme influencia para impulsar una verdadera igualdad de género dentro y fuera de las canchas.
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