Remisión del VIH tras trasplante: el caso del “paciente de Oslo”
Un paciente de Noruega, conocido como el “paciente de Oslo”, logró la remisión del VIH tras recibir un trasplante de médula ósea de su hermano, portador de una variación genética poco común que bloquea la entrada del virus al organismo.
El caso, documentado en la revista Nature Microbiology, se suma al reducido grupo de personas que han alcanzado una posible curación del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), en un contexto donde la enfermedad aún no tiene una solución definitiva.
De un diagnóstico crítico a una oportunidad inesperada
El paciente, seropositivo desde 2006, fue diagnosticado en 2017 con un cáncer de sangre agresivo, lo que obligó a buscar un trasplante de médula ósea como única alternativa para sobrevivir.
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Ante la falta de donantes compatibles, los médicos recurrieron a su hermano mayor, quien resultó portar la mutación CCR5 delta 32 (CCR5Δ32/Δ32), una variante genética presente en apenas 1 % de la población del norte de Europa.
La clave: una mutación que bloquea el virus
Esta mutación elimina el receptor CCR5 en los glóbulos blancos, mecanismo que el VIH utiliza para ingresar al organismo. Sin esta “puerta de entrada”, el sistema inmunitario se vuelve resistente al virus.
El investigador Anders Eivind Myhre, del Hospital Universitario de Oslo, explicó que encontrar un donante compatible con esta mutación es altamente improbable, lo que convierte el caso en un evento excepcional.
Tras el procedimiento, el paciente dejó de tomar medicamentos antirretrovirales y, dos años después, no se ha detectado presencia del virus en su organismo.
Actualmente, a sus 63 años, se encuentra “en plena forma”, mientras que los estudios muestran una disminución de anticuerpos contra el VIH y ausencia de respuesta de las células T, lo que sugiere una remisión sostenida.
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El propio paciente describió su experiencia como “ganar dos veces la lotería”, al superar tanto el cáncer como el virus.
Un caso excepcional, no replicable a gran escala
Especialistas advierten que este tipo de procedimientos no representa una solución generalizada, ya que los trasplantes de médula ósea implican riesgos elevados y se utilizan únicamente como último recurso.
Se estima que entre el 10 y el 20 % de los pacientes sometidos a este tratamiento pueden fallecer en el primer año, y el propio paciente enfrentó una reacción grave tras la intervención.
Aunque el VIH puede controlarse con tratamientos antirretrovirales, el virus permanece latente en el organismo, lo que dificulta su erradicación.
Por ello, casos como el del “paciente de Oslo” aportan información valiosa para la comunidad científica, al permitir comprender mejor los mecanismos moleculares, los biomarcadores y las posibles rutas hacia una cura definitiva.
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El reto ahora, señalan los investigadores, es comparar los casos existentes para identificar las condiciones que permitan replicar este tipo de resultados en el futuro.




