Vinculan virus marino con aumento de enfermedades oculares en China

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El incremento de enfermedades oculares en China ha encendido las alertas en la comunidad médica internacional, luego de que investigaciones recientes señalaran la posible relación con un virus de origen marino que podría haber dado el salto a los seres humanos.

Un estudio publicado en la revista Nature Communications, encabezado por especialistas de la University College London (UCL), identificó un vínculo entre la uveítis anterior viral hipertensiva ocular persistente (POH-VAU) y el nodavirus de mortalidad encubierta (CMNV), un agente previamente asociado a entornos acuáticos.

De acuerdo con la investigación, este virus —presente en aguas dulces, salobres y marinas— ha sido detectado en especies de cultivo y fauna silvestre a nivel global. La evidencia apunta a un posible salto interespecie, lo que podría explicar su reciente impacto en la salud humana.

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Los datos analizados revelan que el 71.4% de los casos presentaban antecedentes de exposición directa a animales acuáticos, como mariscos y pescados, lo que refuerza la hipótesis de transmisión vinculada a estos entornos.

El nodavirus de mortalidad encubierta, descrito por la Organización Mundial de Sanidad Animal, fue identificado por primera vez en 2009 en China, afectando principalmente a camarones de la especie Litopenaeus vannamei. Su comportamiento llamó la atención por provocar una especie de “muerte silenciosa”, en la que los animales desaparecían sin signos visibles en los estanques.

Durante años, su estudio permaneció acotado a la acuicultura, pero investigaciones recientes sugieren que el virus podría haber evolucionado, abriendo la puerta a su adaptación al organismo humano.

En humanos, la infección se manifiesta como una inflamación ocular severa, conocida como uveítis viral anterior, que puede derivar en hipertensión ocular persistente y aumentar el riesgo de daño visual irreversible si no se atiende de manera oportuna.

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Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la visión borrosa persistente, enrojecimiento ocular continuo, dolor ocular y sensibilidad a la luz, señales que especialistas recomiendan no ignorar ante su posible relación con esta nueva amenaza emergente.

El hallazgo abre nuevas interrogantes sobre los riesgos sanitarios asociados a los ecosistemas marinos y la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica ante virus con potencial de adaptación entre especies.

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