“Pícale ahí, abuelita”: las mujeres mayores que se niegan a quedarse fuera del mundo digital

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Mientras bancos, gobiernos, comercios y hasta las familias trasladan cada vez más actividades a una pantalla, miles de mujeres mayores enfrentan un reto que traspasa algunos límites, como no quedar excluidas de un mundo que parece avanzar sin esperarlas.

Se ha repetido la misma idea: las personas mayores, y especialmente las mujeres, “no entienden” la tecnología. Que necesitan que alguien más les haga una transferencia, les saque una cita por internet o les explique, por quinta vez, cómo mandar una foto por WhatsApp.

La imagen es tan común que incluso se convirtió en un chiste familiar porque cuando las vemos solicitando apoyo, lo único que hacemos es soltar una risa.

Y a pesar del clásico “pícale ahí, abuelita”, hay una realidad menos graciosa: la tecnología dejó de ser una herramienta para convertirse en una puerta de acceso a servicios, información, comunicación y autonomía.

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Y muchas mujeres mayores están aprendiendo a abrir esa puerta.

Datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, elaborada por el INEGI, indican que 78.8% de las personas de entre 55 y 64 años utilizaron internet. Entre quienes tienen de 65 a 74 años, el porcentaje fue de 57.8%, mientras que 30.3% de las personas de 75 años y más también se conectó a la red.

Las cifras muestran que la idea de que la tecnología pertenece exclusivamente a los jóvenes empieza a quedarse vieja.

El problema no es la edad

Aprender a utilizar una aplicación bancaria, pedir una cita médica en línea o identificar una posible estafa no depende únicamente de la edad. También depende de haber tenido acceso a dispositivos, educación digital y espacios donde aprender sin ser ridiculizada por no saber.

El punto de partida no es el mismo.

ONU Mujeres ha advertido que la brecha digital no afecta a todas las mujeres de la misma manera y que factores como la edad, el lugar donde viven y las desigualdades económicas pueden aumentar las dificultades para acceder y aprovechar las tecnologías.

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En México, además, Naciones Unidas señaló que una de las principales razones por las que muchas mujeres no utilizan internet es la falta de conocimientos para hacerlo.

Por eso, reducir la discusión a que una mujer mayor “no sabe usar el celular” puede ocultar una historia mucho más larga de desigualdades.

Muchas de ellas crecieron en una época en la que la tecnología no formaba parte de la educación cotidiana y, además, dedicaron gran parte de su vida al trabajo doméstico y de cuidados, actividades que históricamente han limitado las oportunidades de acceso a la capacitación y al mundo digital.

Aprender también es una forma de autonomía

La UNESCO dijo que la inclusión digital de las personas mayores es fundamental para que puedan participar plenamente en la sociedad y mantener una vida más autónoma, conectada y activa. Su investigación sobre la llamada “brecha digital gris” muestra que, con entornos adecuados y formas de enseñanza accesibles, las personas mayores pueden aprender y participar de manera significativa en el mundo digital.

Para una mujer mayor, aprender a usar tecnología puede significar algo aparentemente sencillo, pero importante: hacer una videollamada sin pedir ayuda, consultar información, comunicarse con familiares que viven lejos o realizar un trámite por cuenta propia.

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También puede significar dejar de depender de otra persona.

Y aquí está la mejor pregunta que deberíamos hacernos: ¿realmente las mujeres mayores son incapaces de aprender tecnología o simplemente seguimos diseñando un mundo digital que pocas veces piensa en ellas?

Porque el problema no debería ser que una mujer de 70 años tarde en aprender a usar una aplicación.

El problema sería construir una sociedad donde, si no aprende a usarla, se quede fuera.

Las mujeres mayores no están llegando tarde a la tecnología. Muchas apenas están teniendo la oportunidad de entrar a un mundo del que durante años se asumió que no formarían parte.

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