¿Qué le pasa al cuerpo de un hombre cuando se convierte en padre? La ciencia tiene la respuesta
Durante generaciones, se ha pensado que la preparación biológica para recibir a un bebé era un proceso exclusivo de las madres. Sin embargo, investigaciones recientes en el campo de la neurociencia y la endocrinología demuestran que los hombres también cuentan con un cableado biológico latente que se activa con la crianza.
Los componentes biológicos masculinos pasan por una transición profunda que se asemeja a la metamorfosis materna. Este proceso es más marcado entre más involucrado esté el hombre en el cuidado diario del bebé, confirmando que la paternidad presente tiene raíces biológicas profundas.
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La disminución de la testosterona y el instinto de cuidado
Uno de los hallazgos más consistentes en la literatura científica es la drástica disminución en los niveles de testosterona en los hombres que se convierten en padres.
Estudios longitudinales coordinados por la Universidad de Notre Dame revelaron que los hombres que participan activamente en el cuidado de sus hijos experimentan las caídas más pronunciadas en esta hormona.
Asimismo, los análisis demuestran que esta reducción hormonal no ocurre únicamente después del parto. Investigaciones de la Universidad Emory descubrieron que desde el cuarto mes de la gestación de la pareja, los futuros padres ya registran niveles más bajos de testosterona y vasopresina.
Esta alteración endocrina modifica la respuesta masculina ante los estímulos del infante. Por consiguiente, los hombres con menores niveles de testosterona se muestran más alertas, receptivos y empáticos ante el llanto del bebé, incrementando su nivel de satisfacción y compromiso con la crianza.
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Hormonas del amor y reconfiguración neuronal.
Al igual que en las madres, la oxitocina juega un papel crucial en los varones. El contacto piel con piel con el recién nacido detona una oleada de esta hormona en el cuerpo del padre, generando un ciclo positivo autorreafirmante, a mayor producción de oxitocina, el hombre busca más interacción con su hijo, lo que a su vez estimula nuevos incrementos de la sustancia.
Junto a ella, hormonas como la prolactina asociada comúnmente con la lactancia registran niveles elevados en padres que manifiestan un vínculo afectivo sólido desde la etapa prenatal.
Esta fuerte actividad química deja una huella física en la estructura cerebral. Estudios de neuroimagen publicados por laboratorios en Estados Unidos y España compararon los cerebros de padres primerizos antes y después del nacimiento de sus hijos, identificando cambios neuronales definitivos.
El cerebro masculino se adapta para procesar nuevas experiencias, un umbral de desarrollo que los especialistas comparan con los cambios acontecidos durante la adolescencia. Esta plasticidad cerebral demuestra que el cuidado primario modifica las áreas más profundas del cerebro, como la amígdala, asimilando las respuestas instintivas de protección.
Frente a estas evidencias, los investigadores señalan la importancia de impulsar políticas públicas que aseguren licencias de paternidad extendidas y promuevan la inclusión del hombre desde las consultas prenatales, consolidando entornos familiares más saludables.
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