Minimizar la cesárea sigue pese a ser una cirugía mayor

Ellas DicenFamilia y Bienestar

“Todas pasan por eso” y “ya se te va a olvidar” son frases que muchas mujeres escuchan tras una intervención que implica abrir capas de piel, músculo y útero: la cesárea.

Durante años, la cesárea ha sido presentada socialmente como un procedimiento “normal”, casi rutinario, al grado de que muchas mujeres reciben menos comprensión, menos cuidados y hasta menos legitimidad sobre su dolor físico y emocional después de atravesarla. Pero no podemos olvidar algo fundamental: una cesárea es una cirugía mayor.

Cesárea sin cuidados

La intervención implica cortes profundos en el abdomen y el útero, riesgo de infecciones, hemorragias, trombosis, complicaciones anestésicas y una recuperación que puede extenderse durante semanas o incluso meses. Aun así, miles de mujeres enfrentan el postoperatorio escuchando frases como aguántate”, “todas han pasado por eso” o “lo importante es que el bebé está bien”.

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El problema no es normalizar la existencia de la cesárea, sino minimizar las consecuencias físicas y emocionales que deja.

Mientras a otros pacientes sometidos a cirugías abdominales se les recomienda reposo estricto, apoyo constante y seguimiento médico cuidadoso, muchas mujeres recién operadas deben cargar a un bebé, amamantar, atender visitas, cocinar o reincorporarse rápidamente a sus actividades cotidianas.

La contradicción es evidente: el sistema médico reconoce técnicamente a la cesárea como una cirugía mayor, pero en la práctica social y laboral, muchas veces se trata como si fuera apenas un trámite del parto.

Parir sin contención

Además del dolor físico, numerosas mujeres describen sentimientos de culpa, invalidación o frustración cuando su experiencia es reducida a comentarios como “al menos no sufriste un parto natural” o “ya ni sentiste nada”.

Para algunas, el impacto emocional se agrava cuando no reciben información suficiente sobre recuperación, salud mental posparto o señales de alarma tras la operación.

El debate no debería centrarse en confrontar tipos de parto, sino en exigir que la cesárea reciba el reconocimiento médico, social y laboral que corresponde a una intervención de alto impacto físico.

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Entre las demandas más frecuentes destacan:

  • Reposos posoperatorios reales y respetados
  • Mayor acompañamiento médico y psicológico
  • Información clara sobre riesgos y recuperación
  • Evitar la romantización del sufrimiento materno
  • Reconocer el dolor sin minimizarlo
  • Condiciones laborales más humanas para el posparto

El problema nunca fue la cesárea en sí, sino que después de una operación mayor, el mundo siga esperando que actúen como si no hubiera pasado nada; esto sin contar con todos los cambios fisiológicos, mentales y emocionales que el embarazo trae consigo.

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