La esclavitud infantil no ha desaparecido
Aunque suele asociarse al pasado, la esclavitud infantil sigue siendo una realidad vigente bajo nuevas formas como el trabajo forzado, la trata de personas y la explotación laboral y sexual, afectando a millones de niñas y niños en todo el mundo.
De acuerdo con datos recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y UNICEF, en 2024 había cerca de 138 millones de menores en situación de trabajo infantil, de los cuales 54 millones realizaban trabajos peligrosos que ponen en riesgo su salud, seguridad y desarrollo.
Este fenómeno, lejos de erradicarse, muestra una reducción insuficiente: aunque ha disminuido en comparación con décadas anteriores, el mundo no logró cumplir la meta de eliminar el trabajo infantil para 2025.
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La esclavitud infantil no siempre es visible. Se manifiesta en actividades como el trabajo agrícola, que concentra el 61% de los casos, así como en el comercio informal, el trabajo doméstico y sectores como la minería o la construcción.
Más grave aún es la dimensión de la explotación forzada. A nivel global, se estima que 27.6 millones de personas viven en condiciones de trabajo forzoso, y de ellas, alrededor de 3.3 millones son niños y niñas, muchos sometidos a explotación sexual comercial o servidumbre.
Especialistas advierten que la pobreza, los conflictos armados, la migración y las crisis climáticas son factores que empujan a la infancia hacia estas formas de explotación. En muchos casos, los menores son obligados a trabajar bajo amenazas, deudas o coerción, condiciones que encajan en las definiciones contemporáneas de esclavitud moderna.
Además, millones de estos niños quedan fuera del sistema educativo, lo que perpetúa un ciclo de desigualdad estructural y limita sus oportunidades futuras. El problema no es homogéneo: regiones como África subsahariana concentran la mayor cantidad de casos, aunque ninguna zona del mundo está exenta.
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A pesar de avances en políticas públicas y cooperación internacional, los organismos advierten que el ritmo actual es insuficiente. Erradicar la esclavitud infantil requeriría acciones más rápidas y profundas, enfocadas en educación, protección social y combate a redes de explotación.
La esclavitud no desapareció, solo cambió de forma, y millones de niños siguen pagando el costo.




