¿Y si la fertilidad tuviera más tiempo? Hongmei Wang desafía el reloj biológico
En un mundo que envejece a un ritmo acelerado, una pregunta comienza a incomodar a la ciencia y a la sociedad: ¿es posible ampliar la vida fértil de las mujeres para enfrentar el colapso demográfico? La bióloga china Hongmei Wang está decidida a explorar esa frontera, incluso si implica replantear procesos tan naturales como la menstruación o la menopausia.
Nacida hace 52 años en la región autónoma de Mongolia Interior, Wang trabaja en el Laboratorio Nacional de Células Madre y Biología Reproductiva de Pekín, donde investiga las primeras etapas del desarrollo humano. Su labor se ha vuelto estratégica para China, un país que pasó de la sobrepoblación al mayor desplome demográfico del planeta, con una población que podría reducirse a la mitad antes de que termine el siglo, según estimaciones de Naciones Unidas.
El contexto no es menor. Durante 35 años de la política del hijo único, impuesta en 1979 por Deng Xiaoping y diseñada por el ingeniero Song Jian, se estima que se evitó el nacimiento de unos 400 millones de personas. La medida dejó una estela de abortos forzados, esterilizaciones masivas y un profundo desequilibrio entre hombres y mujeres, con un déficit estimado de 40 millones de mujeres, como documenta Dan Wang en su libro Breakneck (2025).
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Hoy, el problema es inverso. Pese a que el Gobierno permitió dos hijos en 2015 y tres en 2021, la natalidad no repunta. En ese escenario, el laboratorio donde trabaja Wang —antes enfocado en la planificación familiar— ahora busca nuevas vías para extender la edad reproductiva femenina.
Una de las líneas más polémicas es retrasar la menopausia. Wang ha demostrado en estudios con ratones que es técnicamente posible, aunque advierte riesgos: inhibir la ovulación preserva óvulos, pero también reduce la producción de estrógeno, clave para la salud femenina. Aun así, subraya que retrasar la menopausia solo un año tendría un impacto social enorme.
Su equipo ya ha logrado avances significativos. En un estudio reciente, injertaron células madre humanas en ovarios de monas estériles, logrando el nacimiento de una cría sana. Además, realizaron un ensayo clínico con 63 mujeres con insuficiencia ovárica prematura: cuatro lograron tener hijos sanos tras recibir trasplantes celulares. Los métodos ya fueron patentados y transferidos a una empresa.
Otra hipótesis aún más disruptiva está en fase experimental: ¿y si las mujeres tuvieran la regla cada tres meses? La idea es preservar óvulos sanos durante más tiempo. Por ahora, la investigación continúa solo en modelos animales.
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Más allá de la fertilidad, Wang también se adentra en uno de los grandes misterios de la biología: la gastrulación, el proceso mediante el cual un embrión define el plano del cuerpo y el origen de los órganos. Este fenómeno ocurre alrededor de los 14 días tras la fecundación, justo cuando las leyes de la mayoría de los países prohíben continuar experimentos con embriones humanos.
Ese límite legal podría cambiar pronto. China y otros países analizan permitir el cultivo de embriones hasta 20 o 28 días, lo que abriría una ventana clave para entender por qué cerca de la mitad de las fecundaciones fracasan.
En paralelo, Wang colabora con el científico Alfonso Martínez Arias, de la Universidad Pompeu Fabra, en la creación de modelos embrionarios a partir de células madre, sin restricciones legales. Su objetivo es recrear el ovario, el embrión y la placenta, un órgano al que, dice, no se le ha dado la atención que merece, pese a que puede alcanzar 16 metros cuadrados de superficie y contener 58 mil núcleos celulares antes del nacimiento.
Consciente de los límites, Wang reconoce que sus investigaciones no llegarán a tiempo para revertir la crisis demográfica de su país. Y deja una reflexión abierta: que algo sea técnicamente posible no significa que la sociedad esté dispuesta a aceptarlo. La ciencia avanza; la pregunta es hasta dónde queremos que llegue.




