Maternar a la pareja: perpetúa roles en las relaciones románticas
En las conversaciones sobre salud mental, equidad y vínculos afectivos, ha cobrado fuerza un concepto que pone en evidencia dinámicas profundamente arraigadas en las relaciones heterosexuales: maternar a la pareja.
Esta práctica, que muchas veces pasa inadvertida, describe el momento en que una mujer asume responsabilidades emocionales, logísticas y hasta domésticas por su compañero sentimental, al punto de ocupar un rol similar al de una madre, o al menos lo que se nos ha acostumbrado a pensar que debe hacer una madre.
Desde recordar las citas médicas o hacer los trámites que él evita, hasta acompañar cada proceso emocional como si fuera su terapeuta personal, muchas mujeres terminan llevando una doble carga: la de su propio bienestar y la del otro.
Esto no sólo agota emocionalmente, sino que también reproduce la idea de que el cuidado es un deber exclusivamente femenino.
Síndrome Wendy
En las relaciones de pareja, es común que algunas mujeres asuman un rol de cuidado excesivo hacia sus compañeros, adoptando comportamientos más propios de una madre que de una pareja.
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Este fenómeno, conocido en psicología como el “síndrome de Wendy”, se caracteriza por una necesidad constante de satisfacer al otro, especialmente a la pareja e hijos, debido al miedo al rechazo y al abandono.
Esta conducta puede llevar a que la mujer deje de lado sus propias necesidades y deseos, enfocándose únicamente en el bienestar del otro.
Maternar a la pareja implica una desproporción en el reparto de tareas emocionales y cotidianas.
Repetir el ciclo
Mientras que a muchas mujeres se les enseña desde niñas a estar pendientes del otro, a los hombres se les permite crecer sin la expectativa de responsabilizarse afectivamente por sí mismos.
En la vida adulta, eso se traduce en mujeres que terminan organizando la vida de sus parejas: sus rutinas, sus citas, sus finanzas, su salud y, en algunos casos, hasta sus emociones.
La socióloga y psicoanalista feminista Nancy Chodorow ha explorado cómo las diferencias de género se forman desde la infancia, influidas por las relaciones parentales.
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Según Chodorow, las mujeres pueden desarrollar una fuerte identificación con la figura materna, lo que podría llevarlas a reproducir roles de cuidado en sus relaciones adultas.
Asumir un rol maternal en la pareja no solo perpetúa estereotipos de género tradicionales, sino que también puede generar dinámicas poco saludables.
Por una relación sana
La persona que “materniza” puede sentirse sobrecargada y descuidada, mientras que la otra parte podría desarrollar dependencia y falta de autonomía.
Es esencial fomentar relaciones equilibradas donde ambas partes compartan responsabilidades y se apoyen mutuamente, evitando caer en patrones que refuercen desigualdades y roles predefinidos.
El problema no es sólo de agotamiento emocional, sino de identidad. Cuando una mujer deja de sentirse pareja para sentirse madre de su compañero, el deseo, la admiración y el sentido de reciprocidad pueden desdibujarse.
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Las relaciones románticas, para ser sanas, requieren de corresponsabilidad.
Amar no es cargar, sostener no es anularse. Y dejar de maternar a la pareja es también un acto de autocuidado y de reivindicación personal.
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