Casarse y ser madre penaliza el empleo: brecha laboral se profundiza para las mujeres
En México, el matrimonio y la maternidad no tienen el mismo impacto para hombres y mujeres en el acceso al trabajo. De acuerdo con la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, casarse reduce en 23.7 puntos porcentuales la probabilidad de que una mujer entre al mercado laboral, mientras que en los hombres aumenta en 5.9 puntos.
El estudio “Impacto del Salario Mínimo en la Participación Laboral de la Mujeres” evidencia una realidad persistente: las mujeres casadas enfrentan mayores barreras estructurales para incorporarse al empleo, en gran medida por la carga de cuidados no remunerados y los estereotipos de género.
Cuidar también excluye del empleo
La presencia de infancias en el hogar refuerza esta desigualdad. Cuando hay menores de cinco años, la probabilidad de que una mujer trabaje disminuye en 7.5 puntos porcentuales, mientras que en los hombres aumenta ligeramente.
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Especialistas coinciden en que esta brecha responde a una distribución desigual de responsabilidades, donde las mujeres asumen tareas que van desde la limpieza del hogar hasta el cuidado de hijos y familiares, lo que limita su tiempo y oportunidades laborales.
Estereotipos que también contratan
Además de la carga doméstica, persisten prejuicios entre empleadores. Según Paulina Gutiérrez, muchas empresas prefieren contratar hombres bajo la idea de que no interrumpirán su trabajo por responsabilidades de cuidado, mientras que a las mujeres se les asocia con posibles ausencias por maternidad o labores familiares.
Esta lógica impacta directamente en la participación laboral: mientras los hombres alcanzan una tasa del 75%, las mujeres apenas llegan al 46%, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Además, el 76% de las personas cuidadoras son mujeres.
Menos hijos, más ingresos; más hijos, menos oportunidades
La desigualdad también se refleja en los ingresos. Datos de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza muestran que las mujeres con un hijo perciben en promedio 22,504 pesos trimestrales, mientras que aquellas con cuatro hijos ven reducido su ingreso a 13,583 pesos.
Para Gonzalo Hernández Licona, esta situación responde a una cultura tradicional que sigue asignando a las mujeres el rol principal de cuidadoras, limitando su inserción plena en el mercado laboral.
Sin ingresos, mayor vulnerabilidad
La falta de acceso al empleo no solo impacta en la economía, sino también en la autonomía de las mujeres. “El que no puedan ni salir a buscar trabajo es la raíz de la desigualdad de género”, advierte Paulina Gutiérrez, al señalar que esta dependencia económica puede exponerlas a múltiples violencias.
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A nivel social y económico, la exclusión también tiene consecuencias: el país pierde talento y capacidad productiva, mientras los hogares dependen de un solo ingreso.
Un sistema nacional de cuidados
Frente a este panorama, especialistas apuntan a la necesidad de un Sistema Nacional de Cuidados, que permita redistribuir responsabilidades y garantizar el derecho al cuidado como un servicio público.
La propuesta busca liberar tiempo para que más mujeres puedan estudiar, trabajar y desarrollarse, y al mismo tiempo transformar una estructura que hoy sigue condicionando su participación en el mundo laboral.




