Peligro con los sueros vitaminados: negocio y riesgos de salud

Familia y Bienestar

Luego de que se promocionaran como una alternativa para ganar energía, los sueros vitaminados han arrebatado la vida a varias personas en Sonora.

La reciente muerte de al menos seis personas tras la administración de sueros vitaminados ha encendido las alarmas sobre una práctica cada vez más común, pero rodeada de desinformación, riesgos y lucro. La pregunta es inevitable: ¿realmente son necesarios?

Aunque su uso no es nuevo y ha sido impulsado por figuras del espectáculo y promociones en redes sociales, especialistas son contundentes: nadie necesita vitaminas intravenosas de manera preventiva. Su aplicación solo está justificada ante una deficiencia comprobada mediante estudios de laboratorio y bajo prescripción médica, que determine el tipo de vitamina, dosis, vía y duración.

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Detrás de esta tendencia hay un fuerte incentivo económico. El costo real de los insumos —solución salina, equipo de venoclisis y vitaminas— no supera los 400 pesos, mientras que el servicio puede cobrarse entre 2,000 y 3,000 pesos por sesión.

Sin embargo, el problema no es solo económico. La aplicación de estos sueros, muchas veces realizada por técnicos o pseudomédicos, implica riesgos graves para la salud: desde infiltraciones venosas y reacciones anafilácticas, hasta infecciones por falta de esterilidad. Además, el exceso de vitaminas puede provocar hipervitaminosis, una condición tóxica para el organismo, especialmente con aquellas que no se eliminan fácilmente.

A esto se suma la proliferación de suplementos “naturales” o de herbolaria, que carecen de evidencia científica y se comercializan como soluciones milagro. En realidad, una persona con una alimentación equilibrada —rica en frutas, verduras, leguminosas y fibra— no requiere este tipo de intervenciones.

Especialistas advierten que recurrir a estos servicios no solo implica un gasto innecesario, sino una exposición evitable a riesgos médicos. Por ello, recomiendan acudir únicamente con médicos certificados, evitar productos fuera de farmacias establecidas y no someterse a tratamientos sin una indicación clínica clara.

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Se exige una regulación estricta y sanciones contra quienes lucran con la salud, así como acciones contra profesionales que incurran en prácticas sin sustento. Porque en este tema, advierten, no se trata de bienestar… sino de seguridad y ética médica.

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