Buscar hasta debajo de las piedras: madres buscadoras
Las madres buscadoras son símbolo del amor incondicional y un deseo por encontrar a quién ha desaparecido, colectivos siguen buscando pese a poner en riego su propia seguridad.
En México, miles de familias viven una realidad marcada por la ausencia, ante la desaparición de un hijo, una hija, un hermano o una pareja, muchas mujeres han decidido salir a buscarlos ellas mismas. Se hacen llamar madres buscadoras y su lucha se resume en una frase: “buscar hasta debajo de las piedras”.
La crisis es profunda; el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) contabilizaba más de 128 mil personas desaparecidas en México hasta 2025, mientras la crisis forense incluye más de 72 mil cuerpos sin identificar y miles de fosas clandestinas localizadas en el país.
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Frente a esa realidad, los familiares —principalmente mujeres— se han organizado en al menos 234 colectivos de búsqueda, que en su mayoría están integrados por madres que aprendieron a rastrear fosas, revisar terrenos y buscar pistas con sus propios medios.
Buscar con las manos y con el corazón
Las madres buscadoras recorren desiertos, cerros, lotes baldíos, ríos, cárceles y hospitales con la esperanza de encontrar a sus familiares. Muchas han aprendido técnicas de búsqueda, como el uso de varillas metálicas para detectar fosas clandestinas sin dañar restos humanos.
Lo hacen, muchas veces, porque consideran que las autoridades no investigan con la rapidez o profundidad necesarias. La frase “si no los buscamos nosotras, nadie lo hará” se ha convertido en una convicción compartida entre colectivos de todo el país.
Esta búsqueda, sin embargo, tiene un alto costo físico y emocional. Amnistía Internacional señala que 97% de las madres buscadoras ha sufrido algún tipo de violencia o afectación relacionada con su labor, desde amenazas hasta hostigamiento.
Buscar también significa arriesgar la vida
El riesgo no es una metáfora, en los últimos años, varias mujeres que buscaban a sus familiares han sido asesinadas.
Entre los casos más conocidos está Rosario Lilián Rodríguez Barraza, integrante de un colectivo en Sinaloa que fue asesinada en 2022 mientras buscaba a su hijo desaparecido desde 2019.
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También está Teresa Magueyal Ramírez, asesinada en Guanajuato en 2023 mientras participaba en la búsqueda de su hijo desaparecido.
En 2025, el caso de María del Carmen Morales, integrante del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, volvió a encender las alertas: fue asesinada junto a su hijo mientras buscaba a otro de sus hijos desaparecidos.
Organizaciones civiles han documentado decenas de asesinatos de personas buscadoras, reflejo de los riesgos que enfrentan quienes investigan desapariciones en contextos dominados por el crimen organizado.
Una búsqueda que se volvió movimiento social
Pese al miedo, las brigadas continúan. Colectivos como Madres Buscadoras de Sonora, Amor por los Desaparecidos en Tamaulipas o Corazones sin Justicia realizan jornadas de rastreo, difusión de fichas y acompañamiento a otras familias.
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La búsqueda también se ha convertido en una forma de denuncia pública. En marchas y manifestaciones, las madres colocan fotografías, ropa y objetos personales de sus familiares desaparecidos, recordando que detrás de cada cifra hay una historia pendiente de cerrar.
En México, donde las desapariciones se han convertido en una de las crisis humanitarias más graves, estas mujeres siguen caminando, escarbando y preguntando.
La esperanza no se negocia: mientras no aparezcan sus seres queridos, seguirán buscando hasta debajo de las piedras.




