Vida digna requiere salud mental, seguridad alimentaria y estabilidad económica
Tener una vida digna requiere de un enfoque de bienestar múltiple, la economía, la salud, incluso la alimentación juegan un papel importante.
El concepto de vida digna, más allá de una idea aspiracional, está estrechamente relacionado con acceso a salud mental integral, seguridad alimentaria real y estabilidad económica que permita vivir sin carencias básicas, según datos de organismos internacionales y estudios especializados.
Salud mental como base del bienestar
La salud mental se ha convertido en una crisis global, afectando a más de mil millones de personas en el mundo, con trastornos como depresión y ansiedad entre los más prevalentes, y mayores tasas observadas en mujeres que en hombres, especialmente entre quienes cargan con múltiples roles sociales y laborales.
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La carga de estos padecimientos impacta el bienestar personal, la productividad y la cohesión social.
Pero el acceso a la salud mental no siempre es posible, en muchos casos depende de la economía y algunos más del acceso a la alimentación.
Acceso a alimentos adecuados y seguridad alimentaria
La seguridad alimentaria es otro pilar de la dignidad humana; a nivel global, un número elevado de personas enfrenta inseguridad alimentaria, lo que significa que no pueden acceder regularmente a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos.
En 2023, alrededor del 28,9% de la población mundial (unos 2 330 millones de personas) experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave, según estimaciones de agencias de la ONU como la FAO, UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos. Esta situación está lejos de la meta global de erradicar el hambre para 2030 (ODS 2).
En América Latina y el Caribe, la región ha registrado avances en la reducción de la subalimentación por cuarto año consecutivo, aunque persisten retos relacionados con el acceso económico a una dieta saludable.
La economía como factor determinante
La estabilidad económica individual y familiar es esencial para que las personas puedan satisfacer necesidades básicas como alimentación, vivienda, salud y educación.
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Indicadores de desarrollo humano y bienestar demuestran que la falta de ingresos adecuados y la pobreza estructural tienen efectos negativos profundos sobre la salud física y mental.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que factores sociales como la pobreza, el desempleo y la discriminación pueden tener un impacto mayor en la salud y bienestar que incluso factores genéticos, e incluso reducir la esperanza de vida hasta en décadas en contextos de desigualdad extrema.
Una vida digna es multidimensional
El concepto de igualdad social está estrechamente vinculado con la capacidad de las personas para ejercer sus derechos civiles y sociales, lo que incluye condiciones para acceder a servicios de salud, educación, alimentación adecuada y oportunidades económicas sostenibles.
La falta de estos elementos limita la posibilidad de llevar una vida plena, saludable y segura.
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En conjunto, salud mental, seguridad alimentaria y estabilidad económica emergen como componentes inseparables de una vida digna: la ausencia de alguno de estos factores afecta el bienestar individual, repercute en el tejido social, profundizando desigualdades y perpetuando vulnerabilidades.




