Apropiación cultural: el negocio de las tradiciones
La apropiación cultural se mantiene como uno de los conflictos más sensibles entre el reconocimiento simbólico de los pueblos originarios y la explotación comercial de su herencia cultural.
Aunque suele presentarse como promoción del patrimonio, especialistas y comunidades advierten que frecuentemente termina funcionando como estrategia de propaganda cultural, donde se visibilizan tradiciones, pero se deja fuera a quienes las crean y resguardan.
¿Qué es la apropiación cultural?
La apropiación cultural ocurre cuando expresiones tradicionales como bordados, textiles, diseños, rituales o saberes ancestrales son utilizados, registrados o comercializados por terceros sin autorización, reconocimiento ni beneficios para las comunidades que los desarrollaron.
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Este fenómeno no solo representa un problema económico, sino también simbólico, ya que implica la descontextualización de elementos culturales colectivos, reduciendo su significado histórico e identitario a mercancía o estrategia de marketing.
El conflicto del Valle del Mezquital
La discusión sobre este fenómeno ha estado presente en Hidalgo en junio del 2025, artesanas y artesanos del Valle del Mezquital realizaron una manifestación frente al Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) para exigir una disculpa pública por el presunto plagio de la iconografía tradicional “flor y canto”.
El conflicto surgió tras el registro de una muñeca con estos elementos por parte de la empresaria hidalguense Alejandra Leal, acción que, de acuerdo con las comunidades hñähñu, se realizó sin consulta ni autorización.
Durante la protesta, las y los manifestantes expresaron consignas como “La apropiación cultural también es racismo”, “La cultura hñähñu no está en venta” y “Nada sobre nosotras sin nosotras”, en alusión a la exclusión de las comunidades en decisiones relacionadas con su patrimonio.
La activista y artesana Emilia Mendoza señaló que el litigio inició en 2021 y que, pese a mesas de conciliación, no se ha logrado una resolución definitiva. Entre las principales demandas destacan una disculpa pública y garantías para evitar que se repitan casos similares, al considerar que estas acciones representan violencia simbólica y estructural.
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Asimismo, las comunidades han solicitado la intervención de la Comisión Estatal para el Desarrollo Sostenible de los Pueblos Indígenas, argumentando que sus textiles forman parte del patrimonio cultural protegido por la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural y por la figura de propiedad intelectual colectiva.
“Hidalgo No Regatea”
Aunque la manifestación ocurrió meses atrás, el debate resurgió tras la difusión de la campaña “Hidalgo No Regatea”, promovida para incentivar el pago justo por el trabajo artesanal.
Integrantes del Movimiento Indígena de Hidalgo retomaron el caso del Valle del Mezquital para cuestionar lo que consideran una contradicción entre el discurso institucional y la protección efectiva del patrimonio cultural indígena.
Desde esta postura, señalaron que la promoción del valor económico de las artesanías pierde coherencia cuando, aseguran, persisten disputas por el registro y uso de iconografía comunitaria sin el consenso de los pueblos originarios.
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Una problemática que rebasa fronteras
En años recientes, comunidades han denunciado el uso del bordado nahua de San Gabriel Chilac, Puebla, por la marca Shein, así como la comercialización de textiles de San Juan Colorado, Oaxaca, por empresas extranjeras.
Estas prácticas pueden convertirse en una forma de despojo cultural, ya que transforman expresiones colectivas en propiedad privada y debilitan la transmisión de conocimientos tradicionales.
Mientras los procesos legales continúan, comunidades indígenas sostienen que el reconocimiento cultural no debe limitarse a campañas o exhibiciones, sino traducirse en consulta previa, participación directa y protección jurídica real, como base para garantizar que la riqueza cultural del país beneficie a quienes históricamente la han preservado.




