El amor no hiere, no lastima, no mata

Ellas Dicen

Cuando el amor se siente a través del miedo, el control o la violencia, no es amor: esta afirmación, que parece simple, está respaldada tanto por datos como por definiciones claras de violencia en relaciones afectivas.

La violencia de pareja o violencia por parte de una persona íntima incluye conductas como control, intimidación, amenazas, abuso psicológico, físico o sexual y acoso constante, todas ellas usadas con la intención de dominar o restringir la libertad de la otra persona. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor del 30 % de las mujeres que han tenido una pareja han experimentado violencia física o sexual por parte de esta en algún momento de su vida, lo que demuestra que las relaciones marcadas por daño no son casos aislados sino una realidad global.

Los informes estadísticos sobre relaciones íntimas confirman también la prevalencia de la violencia psicológica y emocional, formas de abuso que a menudo se confunden con “celos”, “protección” o “pasión intensa”.

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Por ejemplo, en México el 76 % de las adolescentes de entre 15 y 17 años han sufrido violencia psicológica en relaciones de noviazgo, mientras que el 17 % ha enfrentado violencia sexual y el 15 % violencia física. Estas cifras muestran que una parte significativa de las experiencias de pareja va más allá de los conflictos normales de cualquier relación y entra en dinámicas que pueden causar daño emocional, miedo o control indebido.

La violencia no siempre es visible

Las formas de violencia pueden ser explícitas, como un empujón o golpe, o más sutiles, como prohibiciones, chantajes emocionales, vigilancia constante o aislamiento de amistades y familiares.

Acciones como revisar el teléfono de la pareja, decidir con quién se puede hablar o imponer reglas sobre la vestimenta no son expresiones de amor, sino señales de control que erosionan la autonomía personal y el bienestar.

El concepto de abuso económico, por ejemplo, describe una situación donde uno de los miembros de la pareja controla el acceso a recursos financieros, educación o empleo de la otra persona, reduciendo su capacidad de independencia y creando dependencia forzada. Este tipo de dinámicas demuestra que la violencia no siempre es visible o física, pero puede ser igual de devastadora.

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Identificar señales tempranas de abuso y control es crucial para evitar que una relación termine en daño severo o incluso peligro para la vida. Si una persona comienza a sentir miedo, angustia constante o pérdida de su identidad dentro de una relación, es una señal de alarma de que la relación puede estar entrando en un patrón dañino.

El amor, en su sentido más sano, se construye con respeto, confianza y libertad, no con miedo, dominación o control. Aceptar esta distinción es fundamental para promover relaciones afectivas saludables y para que quienes están en situaciones de violencia reconozcan que no es amor, es abuso, y que existe ayuda y apoyo para quienes desean salir de ese ciclo.

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