Atlantes de Tula: gigantes de piedra que sostienen la memoria tolteca

Hidalgo

En el corazón del valle donde floreció la grandeza tolteca, la zona arqueológica de Tula, antigua Tollan-Xicocotitlan, se levanta como un viaje abierto al pasado.

Entre plazas, basamentos y relieves, este sitio resguarda uno de los legados más poderosos del Posclásico mesoamericano, una ciudad que entre los siglos X y XII fue eje político, ceremonial y simbólico del Altiplano Central.

Dominando el horizonte desde lo alto de la Pirámide B, dedicada a Tlahuizcalpantecuhtli, emergen los imponentes atlantes de Tula: cuatro esculturas antropomorfas de basalto, con 4.60 metros de altura y un peso cercano a 8.5 toneladas cada una.

No son figuras decorativas: estas columnas-guerrero sostenían la techumbre del templo, fusionando arquitectura y escultura en una misma visión ritual.

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Tallados en cuatro secciones y ensamblados mediante el sistema de “caja y espiga”, los atlantes revelan el alto dominio técnico de la cultura tolteca. Las exploraciones encabezadas en 1941 por Jorge R. Acosta permitieron recuperar las piezas, entonces fragmentadas; su reconstrucción y colocación definitiva en la cima de la pirámide se concretó en 1960, tras años de estudio y restauración.

La iconografía de los atlantes habla de guerra, ritual y cosmos. Conservan restos de policromía en tonos amarillo, azul, blanco y rojo, y portan símbolos del guerrero tolteca: átlatl, dardos, cuchillo de sílex, arma curva, jícara para copal y pectorales.

Las líneas rojas sobre las piernas y la decoración corporal refuerzan la interpretación del templo como un espacio dedicado a Quetzalcóatl, en su advocación como Venus, el lucero asociado al movimiento y al renacer cíclico.

Correspondientes a la fase Tollan (950–1200 d. C.), los atlantes no son solo vestigios pétreos: son guardianes de una ciudad que supo articular poder, religión y técnica a través de la piedra. Hoy, permanecen como un símbolo vivo de la memoria tolteca.

El conjunto arqueológico de Tula, investigado y conservado por el INAH, invita a recorrer una historia escrita en basalto, donde paisaje, simbolismo y arquitectura siguen dialogando con el presente. Visitar Tula es mirar al cielo desde la piedra y entender cómo el pasado aún sostiene nuestra identidad.

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Información para visitantes

  • Horario: lunes a domingo, 9:00 a 18:00 horas
  • Último acceso: 16:30 horas
  • Costo general: $210.00 pesos
  • Nacionales y extranjeros con residencia en México: $105.00 pesos
  • Zona Arqueológica de Tula, boulevard Tula–Iturbe km 2.5, El Salitre, 42800, Tula de Allende, Hidalgo

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