Más de 1,800 violaciones documentadas en el conflicto de Sudán
La guerra en Sudán ha convertido a las mujeres en el blanco principal de una violencia extrema y sistemática. Desde el inicio del conflicto armado, en abril de 2023, se han registrado más de mil 800 violaciones hasta octubre de 2025, de acuerdo con datos del Ministerio de Asuntos Sociales del país, cifras que no incluyen los abusos cometidos recientemente en Darfur y Kordofán.
Sudán, nación del noreste de África con más de 51 millones de habitantes, enfrenta una guerra entre el ejército regular y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). El conflicto ha dejado decenas de miles de muertos, ha provocado el desplazamiento de unos 11 millones de personas y es calificado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como “la peor crisis humanitaria del mundo”.
La ministra de Asuntos Sociales y activista Sulaima Ishaq al Jalifa advirtió a la AFP que la violencia sexual en Sudán es “la peor del mundo” y se ejerce con total impunidad. Si bien los abusos se registran en ambos bandos, denunció que son “sistemáticos” entre las FAR, que utilizan la violación “como arma de guerra” con fines de “limpieza étnica”.
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Los testimonios recabados revelan patrones de extrema crueldad: violaciones cometidas frente a familiares, acompañadas de saqueos y agresiones, sin límite de edad. “Una mujer de 85 años podría ser violada, un niño de un año podría ser violado”, afirmó la ministra, psicóloga de formación.
Un informe reciente de la red Siha, defensora de los derechos de las mujeres en el Cuerno de África, señala que 77 por ciento de los actos violentos documentados corresponden a violaciones, y 87 por ciento de estos crímenes se atribuyen a las FAR. La ONU ha alertado de manera reiterada sobre la violencia ejercida contra comunidades no árabes en Darfur, mientras que la Corte Penal Internacional (CPI) abrió investigaciones por crímenes de guerra contra ambos bandos.
Durante una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, la vicefiscal de la CPI, Nazhat Shameem Khan, describió una “situación horrible” en El Fasher, capital regional de Darfur, donde se documentó una campaña organizada de violaciones y ejecuciones a gran escala, algunas filmadas y celebradas por sus autores, alentados por la impunidad.
Para Sulaima Ishaq al Jalifa, la violencia sexual busca humillar, desplazar poblaciones y romper el tejido social. “Cuando se utiliza como arma de guerra, significa que se quiere que la guerra se prolongue indefinidamente, porque alimenta el espíritu de venganza”, explicó.
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Las denuncias también incluyen secuestros, esclavitud sexual, trata de personas y matrimonios forzados de niñas y adolescentes, prácticas que la ministra calificó como formas de tortura. En ciudades como Jartum y regiones de Darfur, sobrevivientes señalaron abusos cometidos por mercenarios extranjeros, presuntamente vinculados a las FAR, lo que agrava la complejidad del conflicto y la dificultad para documentar los casos.
Mientras la comunidad internacional mantiene la atención sobre Sudán, las cifras y testimonios confirman que la violencia sexual no es un daño colateral, sino una estrategia deliberada de guerra, cuyas consecuencias seguirán marcando a generaciones enteras si no se detiene la impunidad.




