CDMX: cuando Airbnb empuja a los vecinos fuera de casa

México

En 2014 llegaron sin ruido. Uno por aquí, otro por allá. En la Hipódromo Condesa el crecimiento de Airbnb no sólo transformó fachadas y rutinas: aceleró el desplazamiento de habitantes en una de las zonas más presionadas de la Ciudad de México.

Desde 2014, los alojamientos temporales comenzaron a instalarse de forma dispersa. Una década después, más de mil espacios se concentran en el polígono, de acuerdo con testimonios vecinales y plataformas de monitoreo. La señal más clara del cambio no es turística, es habitacional: departamentos que dejaron de rentarse para vivir y pasaron a alquilarse por días.

Las cifras refuerzan la alerta. Según Inside Airbnb, la CDMX registra más de 26 mil anuncios activos, y 65 por ciento son viviendas completas, es decir, casas y departamentos fuera del mercado de renta tradicional. El sitio oficial de Airbnb eleva la cifra a 30 mil 430 alojamientos, con Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo a la cabeza.

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El auge de los nómadas digitales en 2022 marcó un punto de inflexión. Colonias como Roma, Condesa y Centro Histórico se encarecieron de forma acelerada. La consecuencia directa fue el aumento de rentas y la salida paulatina de inquilinos que ya no pudieron pagar. “Es cuando brotaron como hongos, relatan vecinos.

En una ciudad con déficit de vivienda, cada departamento convertido en Airbnb significa una opción menos para quienes buscan rentar a largo plazo. Mientras las estancias duran entre tres y siete días, los precios por noche oscilan entre mil 600 pesos y más de 15 mil, cifras inaccesibles para la mayoría de los residentes.

La presión no se limita a lo económico. En edificios completos que operan como hospedaje —como uno ubicado sobre avenida México, entre Citlaltépetl y Chilpancingo— la rotación constante de visitantes rompe la vida comunitaria. Un huésped extranjero pagó 20 mil 400 pesos por una semana, más de lo que muchos vecinos destinaban a su renta mensual hace apenas unos años.

Además, la conversión es activa. “Dejan propaganda en los edificios para convencer a propietarios de ceder sus departamentos”, señala Raquel Nava, representante de la Copaco de la Hipódromo. El resultado es un proceso silencioso pero constante: menos vecinos, más maletas.

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La Hipódromo Condesa ya no solo atrae turismo; se ha convertido en un ejemplo de cómo el alquiler temporal, sin controles efectivos, desplaza a quienes hicieron barrio, reconfigurando la ciudad a favor del visitante y en contra del derecho a habitarla.

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