¿Soltería eterna o etapa pasajera? Lo que la ciencia descubrió sobre llegar sin pareja a los 30
Durante años se ha repetido que estar soltero después de los 20 es una elección libre, una señal de autonomía, crecimiento personal y rechazo a los moldes tradicionales. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que el panorama podría ser más complejo de lo que parece.
Una investigación de la Universidad de Zúrich (UZH) siguió durante 13 años a más de 17 mil jóvenes de Alemania y el Reino Unido que nunca habían tenido pareja. El objetivo: observar cómo evolucionaba su bienestar emocional desde la adolescencia hasta el cierre de la veintena. Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
La soledad pesa más al final de los 20
De acuerdo con el análisis, los jóvenes adultos que permanecieron solteros por largos periodos mostraron con el tiempo una menor satisfacción con la vida y un incremento en la sensación de soledad.
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Estas diferencias se volvieron especialmente visibles al acercarse a los 29 años, cuando también comenzaron a aparecer síntomas depresivos más marcados.
El patrón fue similar en mujeres y hombres, lo que refuerza la idea de que no se trata de una experiencia aislada ni de un fenómeno ligado a un solo género.
La primera relación sí hace la diferencia
El estudio, liderado por Michael Krämer, investigador sénior del Instituto Psicológico de la UZH, también analizó qué ocurre cuando quienes han sido solteros durante años entran por primera vez en una relación romántica.
El resultado fue contundente: la primera relación de pareja mejora el bienestar. Aumenta la satisfacción vital y disminuye la sensación de soledad, tanto a corto como a largo plazo. Eso sí, el estudio advierte que este efecto no fue suficiente para revertir los síntomas depresivos en todos los casos.
Según Krämer, “una soltería prolongada en la adultez temprana está asociada con riesgos moderados para el bienestar”. Aunque durante la adolescencia las diferencias eran mínimas, estas brechas emocionales se ampliaron conforme la soltería se extendió en el tiempo.
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Un círculo difícil de romper
El investigador añade un punto clave: a menor bienestar, mayor probabilidad de seguir soltero.
Es decir, cuanto más se prolonga la soltería, más difícil puede resultar iniciar una primera relación, especialmente hacia el final de la veintena.
Este efecto crea un círculo emocional complejo, donde la soledad y la baja satisfacción personal se refuerzan mutuamente.
¿Quiénes tienden a permanecer solteros más tiempo?
El estudio también identificó algunos factores que influyen en la duración de la soltería. Los hombres, las personas con niveles educativos más altos y quienes reportaban un bienestar emocional más bajo tendieron a retrasar con mayor frecuencia el inicio de una relación estable.
Además, la situación de vivienda fue determinante: quienes vivían solos o con sus padres permanecieron solteros durante más tiempo que quienes compartían su vida cotidiana con otras personas.
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Para Krämer, estos hallazgos confirman que factores sociodemográficos y psicológicos influyen directamente en la posibilidad de iniciar una relación romántica, y coinciden con investigaciones previas que vinculan la prioridad académica y profesional con el aplazamiento de vínculos afectivos.
Ni sentencia ni moda: una conversación pendiente
El estudio no afirma que estar soltero sea negativo en sí mismo, pero sí plantea una pregunta incómoda: ¿realmente todas las solterías prolongadas son una elección libre y feliz? La ciencia sugiere que, al menos para una parte de los jóvenes, la experiencia puede venir acompañada de costes emocionales silenciosos.
Los datos invitan a mirar la soltería no como fracaso ni como ideal absoluto, sino como una experiencia diversa, atravesada por el bienestar, el contexto y las decisiones personales.




