Hablar de lactancia sin juzgar
El 27 de enero, se conmemora el Día Mundial de la Extracción de Leche Materna, una jornada que busca reconocer el tiempo, dedicación y diversidad de experiencias que hay detrás de cómo las personas alimentan a sus bebés. Esta fecha destaca una práctica que acompaña muchas lactancias y que tiene significado personal y familiar según las circunstancias de cada quien.
La lactancia materna es considerada científicamente como uno de los métodos más eficaces para proteger la salud y la supervivencia de los niños y niñas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) recomiendan que los bebés inicien la lactancia lo más pronto posible tras el nacimiento y se alimenten exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida, continuando con ella junto con alimentos complementarios hasta los 2 años o más.
Sin embargo, aunque los beneficios nutricionales e inmunológicos de la leche materna están ampliamente documentados —la OMS describe que es un alimento “seguro y limpio” que aporta anticuerpos y nutrientes esenciales— la forma en que una familia alimenta a un bebé no se limita a una sola vía.
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Alimentar y no juzgar
No saber las luchas de otra persona ni sus circunstancias es una de las razones por las que no se deben emitir juicios sobre cómo alimenta su bebé. Las decisiones en torno a la lactancia y a la extracción de leche pueden estar influenciadas por muchos factores, entre ellos:
- Salud y física de la madre o del bebé, que puede dificultar la lactancia directa.
- Separación por trabajo, hospitalización u otras responsabilidades, que hace que la extracción sea una herramienta para mantener la alimentación con leche materna.
- Apoyo disponible, tanto profesional como social, que puede facilitar o complicar la experiencia.
- Preferencias personales, emocionales o prácticas familiares que cada persona o familia considera mejor para su situación.
Los datos globales muestran que, a pesar de los beneficios conocidos, menos de la mitad de los lactantes menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva, una cifra que ha aumentado en la última década pero aún está por debajo de las metas de salud pública. Refleja desafíos de salud, diferencias en apoyo social, laboral y cultural que enfrentan las familias.
Cada forma de alimentar a un bebé es válida cuando se basa en información fiable, respeto por la salud y el bienestar de todas las personas involucradas, y libertad para decidir sin presiones ni estigmas.
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Hablar de lactancia —y de extracción de leche— desde el respeto implica reconocer que no conocemos las barreras ni las decisiones privadas de otras personas, y que unas prácticas no son inherentemente superiores a otras.
Lo que sí está claro, según organismos como la OMS y UNICEF, es que el apoyo, la información calificada y la empatía son fundamentales para que cualquier familia pueda alimentar a su bebé de la manera que mejor se adapte a sus realidades.
Si bien la evidencia respalda la lactancia como una opción con múltiples beneficios para madres y bebés, también lo es que el respeto a la diversidad de experiencias y decisiones personales es indispensable para una conversación sana y comprensiva sobre cómo nutrimos a las futuras generaciones.




