Siria: entre el Gobierno interino y las Fuerzas Democráticas Sirias
La lucha por el futuro político de Siria ha escalado nuevamente a la violencia; esta vez, el enfrentamiento ocurre entre el Gobierno interino sirio, encabezado por Ahmed al Sharaa, y la milicia kurdosiria conocida como Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), un grupo que durante más de una década controló amplias zonas del noreste del país.
Tras casi un año de tensiones crecientes, los choques armados se intensificaron el pasado fin de semana y dejaron a las FDS en una posición debilitada: habrían perdido cerca de dos tercios del territorio que administraban desde el inicio de la guerra civil.
Aunque se anunció un acuerdo y un alto al fuego, los combates continuaron hasta que este martes se confirmó una nueva tregua de cuatro días, con negociaciones nuevamente en el aire.
El origen del conflicto
Durante los casi 14 años de guerra civil, las FDS tomaron control de regiones de mayoría kurda tras la retirada del Ejército sirio en 2011, cuando el país aún estaba bajo el régimen de Bashar al Asad.
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Sin combatir directamente al régimen, los kurdos ampliaron su dominio al derrotar al Estado Islámico, con el respaldo de Estados Unidos, llegando incluso a controlar ciudades árabes como Raqqa.
Ese territorio fue conocido como la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), también llamada Rojava, y se convirtió en un símbolo clave para el pueblo kurdo, uno de los grupos étnicos sin Estado propio más grandes del mundo.
Centralismo contra autonomía
Tras el derrocamiento de Al Asad en diciembre de 2024, el nuevo Gobierno interino exigió la unificación del país, el retorno de los territorios controlados por las FDS al mando central y la integración de sus combatientes al nuevo Ejército sirio.
Aunque en marzo de 2025 se firmó un acuerdo para avanzar en ese proceso, los resultados fueron mínimos. El desacuerdo central persiste:
- Las FDS defienden un modelo descentralizado, con autonomía regional.
- El Gobierno interino apuesta por un Estado centralizado desde Damasco.
Permitir una región kurda semiautónoma, advierte el Ejecutivo, abriría la puerta a demandas similares de otras comunidades.
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El factor regional y económico
La postura del Gobierno cuenta con el respaldo de Turquía, que rechaza cualquier autonomía kurda en su frontera por los vínculos de las FDS con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado organización terrorista por varios países.
Ankara ha advertido que no tolerará provocaciones y ha amenazado en el pasado con acciones militares.
A esto se suma un elemento clave: la economía. Antes del conflicto reciente, las regiones kurdas concentraban la mayor parte del petróleo y gas de Siria. Observadores del sector estiman que en 2024, el 90 % de la producción petrolera provenía de esas zonas.
Zonas kurdas, el punto crítico
Tras los enfrentamientos, las FDS fueron expulsadas de áreas de mayoría árabe, en parte por el cambio de postura de tribus locales. Sin embargo, el futuro de las zonas de mayoría kurda sigue sin definirse.
En una reunión reciente entre Ahmed al Sharaa y el comandante de las FDS, Mazlum Abdi, este último pidió que las fuerzas kurdas mantuvieran el control de esos territorios. La negativa del Gobierno abrió un nuevo impasse. Analistas señalan que Abdi no controla a todos los grupos kurdos y enfrenta presiones internas, incluso del propio PKK.
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Integración forzada
Uno de los puntos más sensibles es la integración de las milicias kurdas al Ejército sirio. Las FDS buscaban conservar sus unidades dentro de la estructura militar, pero el Gobierno rechazó cualquier estructura paralela.
Un acuerdo previo mediado por Estados Unidos permitía la integración por divisiones completas, pero el reciente pacto de alto al fuego eliminó esa opción. Según analistas, las FDS ahora tendrían que integrarse como individuos, perdiendo cohesión y poder de negociación.
El alto al fuego de cuatro días anunciado este martes da un plazo limitado a las fuerzas kurdosirias para presentar un plan de integración pacífica de las regiones kurdas al Estado sirio. Lo que ocurra en ese breve lapso podría definir no solo el futuro de las FDS, sino el nuevo equilibrio de poder en la Siria postguerra.




