Por qué la salud de las mujeres debe ir más allá de la retórica
Al hablar de Salud de las Mujeres no basta con mencionar cifras sueltas o condiciones reproductivas: para cerrar brechas reales es imprescindible establecer políticas y sistemas sanitarios verdaderamente centrados en las necesidades de las mujeres, con datos, inversión y decisiones informadas específicamente por y para ellas.
La salud femenina ha sido tratada históricamente como un tema secundario dentro de los sistemas de salud, lo que ha generado una brecha de atención y conocimiento que afecta la calidad de vida de millones de personas que se identifican como mujeres.
Por ejemplo, solo una pequeña proporción de la investigación biomédica y la innovación se dedica a condiciones que afectan mayoritariamente a las mujeres fuera del cáncer, lo que limita diagnósticos precisos y tratamientos adecuados para problemas como endometriosis, menopausia y trastornos menstruales.
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Uno de los pilares para corregir estas desigualdades es cerrar las brechas de datos específicos por sexo y género. Cuando no se recopilan ni analizan datos desagregados por género, es imposible identificar con precisión cuáles son las necesidades sanitarias particulares de las mujeres, impidiendo diseñar políticas efectivas y respuestas adecuadas ante problemas como complicaciones durante el embarazo, enfermedades crónicas, salud mental y acceso a servicios preventivos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han insistido en que la igualdad de género en salud implica reconocer que mujeres y hombres tienen necesidades distintas y que estas diferencias deben abordarse para corregir desequilibrios injustos e innecesarios en el acceso y control de recursos y servicios de salud.
La urgencia de un enfoque centrado en las mujeres también se evidencia en la carga desproporcionada de enfermedades no transmisibles entre las mujeres, incluyendo problemas como dolor crónico, trastornos mentales y enfermedades cardiovasculares, que a menudo reciben menos atención que las condiciones tradicionales asociadas con la salud reproductiva.
Además, la propia estructura del sistema sanitario refleja desigualdades: aunque las mujeres representan aproximadamente 67% de la fuerza laboral en salud y cuidados a nivel global, su contribución suele estar subvalorada y relegada a roles de menor remuneración y poder, lo que limita su participación en la toma de decisiones que podrían mejorar la atención para otras mujeres.
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Cerrar la brecha de salud de género salva vidas y tiene beneficios económicos. Un informe global sugiere que abordar las diferencias en salud entre hombres y mujeres podría añadir al menos 1 billón de dólares al producto interno bruto mundial para 2040, en parte al aumentar la participación económica y la productividad femenina.
Hablar de Salud de las Mujeres con fundamentos verificables implica:
- Generar y usar datos desagregados por género para reconocer y responder a las necesidades reales.
- Invertir en investigación y atención específicas para condiciones que afectan mayoritariamente a mujeres.
- Reconocer la igualdad de género como parte integral del derecho a la salud, no solo como un concepto abstracto.
- Promover liderazgo femenino y decisiones inclusivas dentro de los sistemas de salud.
Sin estos elementos, las políticas sanitarias seguirán respondiendo a visiones parciales que no reflejan la complejidad de la salud femenina en todas sus etapas y contextos; mientras eso ocurra, millones de mujeres continuarán enfrentando sistemas de salud que no las ven, no las miden y, en muchos casos, no las atienden como se requiere.




