Ridiculizar a hombres víctimas de violencia sexual: estigma que silencia

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Los hombres que han sufrido delitos sexuales enfrentan no sólo el trauma de la agresión, sino también un estigma social que ridiculiza, minimiza o invisibiliza su experiencia, lo que reduce drásticamente la posibilidad de que busquen ayuda o denuncien los hechos.

Diversos estudios muestran que los hombres enfrentan barreras de género que dificultan el reconocimiento de su victimización. Existe un estereotipo profundamente arraigado según el cual los hombres deberían ser fuertes e invulnerables, lo que hace que muchos encuentren difícil admitir que fueron agredidos sexualmente y que su testimonio sea tomado en serio por quienes los rodean. En algunos contextos, esto provoca mayor estigma y rechazo hacia hombres víctimas en comparación con mujeres víctimas de violencia sexual.

Además, las cifras de subregistro son alarmantes: estudios internacionales indican que una proporción significativa de hombres ha vivido experiencias de violencia sexual, pero sólo una pequeña fracción llega a denunciar o buscar apoyo debido al miedo a la burla, la vergüenza y la falta de espacios de atención adaptados a sus necesidades.

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En ciertos análisis, menos del 10% de los hombres que han sufrido agresión sexual reportan el hecho a las autoridades, una tasa de denuncia mucho menor que la observada entre mujeres, en parte por el estigma social y la percepción de incredulidad que enfrentan.

En México, aunque las estadísticas muestran que la violencia sexual afecta predominantemente a mujeres, con alrededor de nueve casos por cada caso en hombres, también hay evidencia de que cerca del 7.6% de los hombres adultos han experimentado algún tipo de violencia sexual en espacios públicos, un dato que queda invisible en gran parte del discurso público y las políticas de atención.

Este panorama es reforzado por reportes de organizaciones civiles en donde se documenta que hombres víctimas no denuncian por prejuicios, vergüenza y falta de sensibilidad institucional, y que la poca atención que reciben estos casos refuerza aún más la percepción de que su sufrimiento no es legítimo o serio.

La ridiculización y el silenciamiento de hombres víctimas de delitos sexuales no sólo dificulta el acceso a la justicia y a servicios de apoyo, perpetúa estereotipos dañinos que impiden abordar la violencia sexual de manera integral.

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