Lo que debes evitar decir cuando una mujer confía que fue agredida
Cuando alguien te confía que sufrió violencia —física, psicológica, sexual o de género— la respuesta puede marcar la diferencia entre aliviar su dolor o profundizarlo.
Pero muchas veces, sin mala intención, repetimos frases o actitudes que revictimizan. Aquí algunas de las cosas que conviene evitar —y por qué— cuando una mujer te revela que fue víctima de agresión:
Qué no decir — y por qué lastima
- “¿Estás segura? ¿Seguro sucedió así?”
Cuestionar su versión pone en duda su palabra. Con ello se siembra desconfianza, se añade culpa y se corre el riesgo de revictimizar a quien ya sufrió. - “¿Qué hiciste para provocarlo?”, “¿Por qué no reaccionaste?”
Comentarios que indagan —o juzgan— decisiones pasadas o reacciones en el momento de la agresión culpan a la víctima. Eso les resta autoridad moral para hablar, y las puede llevar a retraerse o sentirse responsables de lo ocurrido. - “No exageres, seguro no fue para tanto” / “¿Por qué lo haces tanto drama?”
Minimizar el daño —físico, psicológico o emocional— invalida su sufrimiento. Puede reforzar la idea de que pedir ayuda o expresar dolor es “demasiado”, dificultando que la víctima busque apoyo o incluso atención médica. - “No te conviene denunciar / mejor no lo digas”
Desalentarlas a denunciar al agresor, ya sea por miedo, culpa, vergüenza o supuestas “consecuencias”. Esta actitud fomenta el silencio, perpetúa la impunidad y agrava el aislamiento. - “Te lo merecías / algo debiste hacer diferente”
Culpabilizar a la víctima es una de las formas más agresivas de revictimización. Ese tipo de afirmaciones legitiman al agresor, invisibilizan la violencia de género y desalientan a la mujer a buscar justicia o apoyo.
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Qué proponemos en su lugar: actitudes de apoyo y escucha
Escucha activa y sin juzgar: dejar espacio para que la mujer exprese su versión, emociones, dudas o miedo. No insistir ni interrogar como si fueras autoridad: más bien ofrecer acompañamiento.
Validar su experiencia: frases como “creo lo que me dices”, “gracias por confiar en mí”, “Tienes derecho a sentirte así” ayudan a romper el aislamiento y legitiman su vivencia.
Ofrecer información y acompañamiento, no soluciones inmediatas: recomendar acceso a servicios especializados (organizaciones de apoyo, líneas de ayuda, instituciones competentes), sin presionar. En muchos países existen leyes y mecanismos de apoyo diseñados para visibilizar y atender casos de violencia.
Respetar su decisión y ritmo: muchas sobrevivientes necesitan tiempo para asumir lo ocurrido; exigir acciones concretas inmediatas puede ser contraproducente.
Evitar revictimización institucional y social: proteger su privacidad, no divulgar detalles sin su consentimiento, evitar cuestionamientos sobre su vida personal. La revictimización muchas veces se intensifica cuando, además del agresor, la víctima enfrenta incredulidad, estigma o castigo social.
Por qué importa
La violencia contra las mujeres —incluyendo violencia de género, física, sexual, psicológica o simbólica— es una grave vulneración de derechos humanos.
En países como México, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia define esa violencia como cualquier acción u omisión basada en género que cause daño o sufrimiento.
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Cuando los entornos cercanos reaccionan con dudas, culpas o silencios, se perpetúa el daño: muchas mujeres optan por callar, no denunciar, sobrevivir en soledad.
Eso fortalece la impunidad de los agresores y debilita las redes de apoyo. Por eso, la forma de responder frente a una confesión de violencia —individual, social o institucional— puede ser determinante para la sanación de la mujer.
Si alguien te confía que sufrió una agresión, tus primeras palabras importan. Lo que dices puede aliviar su dolor, reforzar su dignidad, abrir puertas a acompañamiento y justicia. Al contrario, frases de duda, culpa o indiferencia sólo añaden heridas.
Escuchar sin juzgar, validar su experiencia, respetar su ritmo y ofrecer acompañamiento puede ser, en muchos casos, el primer paso hacia la reconstrucción de su vida.




